“Un capricho se diferencia de una gran pasión en que el capricho dura toda la vida”
Oscar Wilde
When you try your best but you don't succeed
When you get what you want but not what you need
When you feel so tired but you can't sleep
Stuck in reverse
Algunas veces los recuerdos se limitan a cosas tan pequeñas y a la vez tan significativas que quedan en nuestra memoria por siempre.
El olor del pavimento mojado aquella tarde lluviosa cuando regresaba a casa, el horrible maullido de los gatos sobre la azotea cada noche, el piso frío bajo sus pies por las mañanas, el cosquilleo en la espalda que le producía el pasto de aquel jardín. Sin duda aquellos habían sido días menos difíciles pese a todas las carencias que padecía, y sin duda podría decir, que aquellas memorias eran dignas de recordar.Sin embargo, el tiempo pasa, la gente cambia, sus ambiciones son otras y los nuevos recuerdos se van quedando grabado en nuestra mente, nos guste o no. Para él, había un recuerdo en especial que había cambiado su vida, si es que eso que tenía podía haberse llamado vida.
Con apenas quince años se encontraba tendido en una cama, con la vista fija en el techo y el alma más vacía que nunca.
Trataba de no pensar en nada mientras apretujaba con fuerza la sabana entre sus dedos, después de haber hecho lo mismo por tanto tiempo se había acostumbrado a esa sensación invasión y nauseas consigo mismo.
Levanta más el culo – ordenó el hombre sujetándolo con ambas manos por la cadera. El chico obedeció sin protesta alguna y el hombre sobre él jadeó con más fuerza, en una forma tan grotesca que resultaría imposible no sentirse asqueado con aquella escena.
Aquella sensación nauseabunda inundaba el cuerpo del joven a cada instante. Aquel hombre recorría su cuerpo sin tacto alguno; con la mano izquierda asía con fuerza la cadera del muchacho mientras que con la otra manipulaba el miembro erecto de su acompañante. Lamía su pecho, su cuello, su rostro impregnándolo con su asquerosa saliva que despedía un hedor mezcla del sudor y el coñac. El chico sintió aún más asco cuando el mayor le beso en repetidas ocasiones, acarició su cabello, mordió su lóbulo y continuó jadeando cada vez más fuerte.
Por un instante todo aquello parecía haber terminado. El joven sintió como el hombre sobre él se tensó por un instante, la tibieza del semen recorriendo su entrada y después éste dejó caer su peso sobre el muchacho totalmente extasiado, los ojos bien abiertos y la saliva escurriéndole por la barbilla. El chico se movió tanto como pudo, pero él hombre no estaba dormido y con un rápido movimiento salió del chico para posicionar su miembro frente a la cara del muchacho.
Ya sabes que hacer – dijo secamente el hombre, tomando la botella que había permanecido en el suelo junto con otras más, a un lado de la cama.
Creí que ya había terminado – dijo el joven mientras el hombre se empinaba la botella de coñac.
Ah si…? – dijo el mayor mirándole divertido, aun arrodillado sobre la cama - ¿Qué te hace creer eso? Pero antes de que el joven pudiera replicar algo, aquel sujeto lo había sujetado del cabello y jalado hasta quedar una vez más frente a su pene.
El menor forcejeó por liberarse y ante la falta de cooperación, el hombre dejó caer a un lado de la cama su botella ya vacía para soltar una bofetada en el rostro del chico.
¿Lo harás por las buenas o las malas? – murmuró el hombre sujetando la cabeza del chico con ambas manos y metiendo su miembro hasta la garganta del muchacho.El chico intentó sacar aquello de su boca con desespero, pero el mayor le superaba en fuerza y había comenzado a mover su cadera con frenesí.Aquel violento vaivén dentro de su boca termino cuando el hombre se corrió dentro de ella. El chico de inmediato escupió el semen, un poco del mismo había caído en su rostro.
¡Trágatelo todo estupido! – ordenó el hombre sujetándolo del hombro. Pero esta vez el menor había sido más rápido y había salido de la cama apenas con el tiempo suficiente para tomar sus pantalones del suelo.
¡Ven aquí! – exclamó el hombre poniéndose de pie con dificultad a causa de todo el alcohol que había bebido. El otro por su parte había logrado ponerse ya los pantalones y tomar su camisa justo antes de abrir la puerta.
¡Te dije que vinieras aquí¡ - ordenó el hombre estrellando la botella contra la puerta, a escasos centímetros de donde el muchacho se encontraba.
Si quieres que haga algo más, debes pagar por ello – dijo el chico sin inmutarse por la violenta reacción del sujeto. Y esto también va a tu cuenta – dijo con osadía tomando una de las botellas de Smirnoff semi llena que habían estado bebiendo antes.
Dando un portazo, salió de la habitación hacía un extenso pasillo apenas iluminado por unas tenues luces.
Asqueroso tipo – murmuró el chico limpiándose la cara con el dorso de la mano – estoy seguro que venía drogado. Se dirigió al único baño en esa planta, lavo su boca y rostro antes de salir nuevamente.
Había varias puertas en aquel pasillo y éste terminaba en una sola puerta en la segunda planta escondida tras una enorme cortina que semejaba un telón. El resto del lugar era completamente diferente a la habitación de la cual acaba de salir el chico.Aquel lugar tenía un toque teatral impregnado en cada detalle. En la primera planta, del lado izquierdo se encontraba un enorme salón provisto de cómodas sillas de satín negro, pequeñas mesas de madera oscura, enormes lámparas de araña y al fondo un pequeño escenario con largas cortinas de satín rojo con borlas doradas. Varias ventanas con sus respectivas cortinas de satín hasta el suelo, cerca de la puerta una barra con varios bancos, desde donde podía contemplarse todo el salón. Detrás de ésta, un espejo que difícilmente podía verse a causa del las decenas de botellas multicolor.
Afuera, dos escaleras laterales de mármol provistas de elaborados barandales en bronce conectaban con la segunda planta mientras que las paredes eran adornadas con una serie de extraños cuadros. Justo entre ambas escaleras se encontraban una puerta labrada en madera, esa era la oficina de Reila-sama, la dueña y patrona de todos lo que trabajaban ahí. Frente a la entrada del salón se encontraba otra que conectaba a un pequeño pasillo, ahí se encontraba la cocina, una bodega y una escalera que conectaba al tercer piso.
Toda esa planta era el dormitorio de los y las jóvenes que trabajan en “la juguetería”, como era llamado aquel infierno y en el que, desde hacía cuatro años atrás, había vivido Takashima.
El olor del pavimento mojado aquella tarde lluviosa cuando regresaba a casa, el horrible maullido de los gatos sobre la azotea cada noche, el piso frío bajo sus pies por las mañanas, el cosquilleo en la espalda que le producía el pasto de aquel jardín. Sin duda aquellos habían sido días menos difíciles pese a todas las carencias que padecía, y sin duda podría decir, que aquellas memorias eran dignas de recordar.Sin embargo, el tiempo pasa, la gente cambia, sus ambiciones son otras y los nuevos recuerdos se van quedando grabado en nuestra mente, nos guste o no. Para él, había un recuerdo en especial que había cambiado su vida, si es que eso que tenía podía haberse llamado vida.
Con apenas quince años se encontraba tendido en una cama, con la vista fija en el techo y el alma más vacía que nunca.
Trataba de no pensar en nada mientras apretujaba con fuerza la sabana entre sus dedos, después de haber hecho lo mismo por tanto tiempo se había acostumbrado a esa sensación invasión y nauseas consigo mismo.
Levanta más el culo – ordenó el hombre sujetándolo con ambas manos por la cadera. El chico obedeció sin protesta alguna y el hombre sobre él jadeó con más fuerza, en una forma tan grotesca que resultaría imposible no sentirse asqueado con aquella escena.
Aquella sensación nauseabunda inundaba el cuerpo del joven a cada instante. Aquel hombre recorría su cuerpo sin tacto alguno; con la mano izquierda asía con fuerza la cadera del muchacho mientras que con la otra manipulaba el miembro erecto de su acompañante. Lamía su pecho, su cuello, su rostro impregnándolo con su asquerosa saliva que despedía un hedor mezcla del sudor y el coñac. El chico sintió aún más asco cuando el mayor le beso en repetidas ocasiones, acarició su cabello, mordió su lóbulo y continuó jadeando cada vez más fuerte.
Por un instante todo aquello parecía haber terminado. El joven sintió como el hombre sobre él se tensó por un instante, la tibieza del semen recorriendo su entrada y después éste dejó caer su peso sobre el muchacho totalmente extasiado, los ojos bien abiertos y la saliva escurriéndole por la barbilla. El chico se movió tanto como pudo, pero él hombre no estaba dormido y con un rápido movimiento salió del chico para posicionar su miembro frente a la cara del muchacho.
Ya sabes que hacer – dijo secamente el hombre, tomando la botella que había permanecido en el suelo junto con otras más, a un lado de la cama.
Creí que ya había terminado – dijo el joven mientras el hombre se empinaba la botella de coñac.
Ah si…? – dijo el mayor mirándole divertido, aun arrodillado sobre la cama - ¿Qué te hace creer eso? Pero antes de que el joven pudiera replicar algo, aquel sujeto lo había sujetado del cabello y jalado hasta quedar una vez más frente a su pene.
El menor forcejeó por liberarse y ante la falta de cooperación, el hombre dejó caer a un lado de la cama su botella ya vacía para soltar una bofetada en el rostro del chico.
¿Lo harás por las buenas o las malas? – murmuró el hombre sujetando la cabeza del chico con ambas manos y metiendo su miembro hasta la garganta del muchacho.El chico intentó sacar aquello de su boca con desespero, pero el mayor le superaba en fuerza y había comenzado a mover su cadera con frenesí.Aquel violento vaivén dentro de su boca termino cuando el hombre se corrió dentro de ella. El chico de inmediato escupió el semen, un poco del mismo había caído en su rostro.
¡Trágatelo todo estupido! – ordenó el hombre sujetándolo del hombro. Pero esta vez el menor había sido más rápido y había salido de la cama apenas con el tiempo suficiente para tomar sus pantalones del suelo.
¡Ven aquí! – exclamó el hombre poniéndose de pie con dificultad a causa de todo el alcohol que había bebido. El otro por su parte había logrado ponerse ya los pantalones y tomar su camisa justo antes de abrir la puerta.
¡Te dije que vinieras aquí¡ - ordenó el hombre estrellando la botella contra la puerta, a escasos centímetros de donde el muchacho se encontraba.
Si quieres que haga algo más, debes pagar por ello – dijo el chico sin inmutarse por la violenta reacción del sujeto. Y esto también va a tu cuenta – dijo con osadía tomando una de las botellas de Smirnoff semi llena que habían estado bebiendo antes.
Dando un portazo, salió de la habitación hacía un extenso pasillo apenas iluminado por unas tenues luces.
And the tears come streaming down your face
When you lose something you cannot replace
When you love someone but it goes to waste
COULD IT BE WORSE?
Asqueroso tipo – murmuró el chico limpiándose la cara con el dorso de la mano – estoy seguro que venía drogado. Se dirigió al único baño en esa planta, lavo su boca y rostro antes de salir nuevamente.
Había varias puertas en aquel pasillo y éste terminaba en una sola puerta en la segunda planta escondida tras una enorme cortina que semejaba un telón. El resto del lugar era completamente diferente a la habitación de la cual acaba de salir el chico.Aquel lugar tenía un toque teatral impregnado en cada detalle. En la primera planta, del lado izquierdo se encontraba un enorme salón provisto de cómodas sillas de satín negro, pequeñas mesas de madera oscura, enormes lámparas de araña y al fondo un pequeño escenario con largas cortinas de satín rojo con borlas doradas. Varias ventanas con sus respectivas cortinas de satín hasta el suelo, cerca de la puerta una barra con varios bancos, desde donde podía contemplarse todo el salón. Detrás de ésta, un espejo que difícilmente podía verse a causa del las decenas de botellas multicolor.
Afuera, dos escaleras laterales de mármol provistas de elaborados barandales en bronce conectaban con la segunda planta mientras que las paredes eran adornadas con una serie de extraños cuadros. Justo entre ambas escaleras se encontraban una puerta labrada en madera, esa era la oficina de Reila-sama, la dueña y patrona de todos lo que trabajaban ahí. Frente a la entrada del salón se encontraba otra que conectaba a un pequeño pasillo, ahí se encontraba la cocina, una bodega y una escalera que conectaba al tercer piso.
Toda esa planta era el dormitorio de los y las jóvenes que trabajan en “la juguetería”, como era llamado aquel infierno y en el que, desde hacía cuatro años atrás, había vivido Takashima.
Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you
Takashima permaneció al principio de la escalera escuchando la melodía del piano proveniente del salón, apenas prestando atención a la gente a su alrededor mientras bebía de la botella sin disimulo alguno. Algunas veces el alcohol hacía más borrosa y soportable la inmundicia que le rodeaba.
Todas las chicas que trabajaban ahí vestían el mismo traje negro de sirvienta francesa. Algunas recibían a los clientes en la entrada, otras más andaban de un lado hacía otro con pequeñas bandejas con bebidas y otras más acompañaban a los clientes, ya sea en sus mesas o hacía las habitaciones. Aunque las chicas eran las más solicitadas, podía verse a varios chicos acompañando tanto a caballeros como a damas en el salón, ellos por su parte vestían como todo un mayordomo y los que estaba solo permanecían de pie a un lado de la entrada.
¿Todavía estas aquí…?! – murmuró una voz tras del menor. El joven se había quedado tan embelesado con la melodía, que tardó en reconocer la voz del sujeto tras él.
¡Te estoy llamando pequeña puta! – exclamó el hombre llamando la atención de los que se encontraban en el recibidor. Señor, voy a pedir que se retire por favor…- dijo Takashima en tono quedo, notando que las miradas comenzaban a fijarse en ellos. El sujeto frunció el ceño y pasó a un lado del muchacho. Justo cuando parecía que el hombre subiría nuevamente a la habitación, dio media vuelta y arremetió en contra del chico.
El menor intentó defenderse, pero aquel hombre lo golpeaba con tal fiereza que parecía fuera de si. Takashima no grito, tan poco pidió ayuda. Las jovencitas que se amontonaron alrededor poco a nada podrían hacer. El piano seguía tocando, dentro del salón, nadie se percataba del alboroto en el recibidor. Y mientras el hombre continuaba golpeándolo, entre el sonido de los gritos de auxilio de las chicas y el piano de fondo, Takashima visualizó una figura extraña junto a la puerta del salón. Era una niña que quizás no pasaba de los trece. De largo cabello rubio y ojos oscuros que acentuaban la serenidad en su rostro.
Takashima continuó mirándola fijamente. Jamás había visto antes a esa pálida niña y pese a la expresión sería de la pequeña, jamás olvidaría la empatía que sintió cuando sus miradas se cruzaron por breves instantes.
Nadie dijo que la muerta fuese tan bella – pensó Takashima. Desde hacía varios años eso era lo que más había deseado. Acabar de una buena vez con esa existencia vacía, despedirse de un mundo al que jamás le había interesado, terminar por fin con toda la miseria que había tenido que vivir. No había tenido el valor de hacerlo por si mismo, y ahora era el momento idónea para dejar que ocurriera.
¿Había cosas peores que ser golpeado por drogadictos alcoholizados, que tener que vender su cuerpo cada noche cuantas veces fuese necesario, de tener que pasar tantas humillaciones por unos cuantos centavos, de tener que ahogar su llanto y beber hasta sentirse un poco fuera de esa realidad que poco a poco lo había carcomido? Si nadie ha regresado de la muerte, seguramente es por que la han encontrado mucho mejor que cualquier suplicio
. ¡¿Que tanto ves?! – exclamó colérico el hombre al notar la mirada perdida de Takashima. Pero sus golpes habían comenzado a perder fuerza y ahora el muchacho en el suelo parecía comenzar a perder la conciencia.
Que hombre tan desagradable – dijo la niña fuerte y claro, mirándole fijamente. Aquel momento pareció eterno, el piano se había detenido por un instante antes de continuar con otra pieza.
Pequeña sin vergüenza – murmuró el hombre soltando al joven con brusquedad - ¿sabes que le sucede a las niñas insolentes como tu…? Para mayor molestia del hombre la niña ni siquiera se inmuto, continuaba viéndole a la cara de forma desafiante.
Ante la mirada atónita de las chicas que habían llegado para ver lo que ocurría, el hombre se tambaleó en dirección a la pequeña con la mirada fija en ella. Una de las chicas que se encontraba observando dejó escapar un grito.
Todo había ocurrido en apenas segundos. Se escuchó un golpe seco en cuanto el hombre se desplomó al suelo. El joven había tomado la botella de smirnoff del suelo y la había estrellado justo en la cabeza del hombre. Segundos más tarde, éste también se tambaleó, logrando sujetarse del barandal para no caer.
¡Zetsu-sama! – llamó una joven de cabello negro pasando entre el resto de las chicas junto con uno de los guardias – Zetsu-sama se encuentra bien!
Estoy bien Maru – contestó la niña sin dejar de ver a Takashima quien acababa de caer al suelo.
¡¿Qué diablos esta pasando aqui?! – dijo la voz de una mujer detrás del tumulto que se había formado en el vestíbulo.
Rápidamente algunas de las chicas se esparcieron con nerviosismo. Observando la escena con desdén, se encontraba una rubia de penetrantes ojos zarcos. La mujer venía acompañada de dos guardias más, quienes de inmediato sacaron al hombre del lugar.
¡Asi es como cuidas de ella! – exclamó la mujer con enojo mirando a Maru con severidad. La joven tomó a la pequeña Zetsu de la mano con nerviosismo.
Reila-sama lo lamento – se disculpó Maru con torpeza – sólo la dejé un segundo para ir por sus cosas al auto y…!
Ahórrate tus explicaciones – dijo Reila viendo al resto de las chicas – y ustedes que esperan holgazanas, vayan a trabajar! Y tu tráeme lo que te pedí de una buena vez! Dejando a la pequeña justo ahí, Maru salió presurosa del vestíbulo igual que el resto de las chicas.
Zetsu-kun, ¿que no te pedi quedarte en mi oficina? – pregunto Reila desapareciendo por completo aquel tono severo – anda vamonos de aquí, ya es tarde.
Pero la pequeña continuaba mirando al joven con algo más que curiosidad.
¿Que sucede linda? –pregunto extrañada la rubia - ¿te lastimaron? ¿estas bien?
¿Cuál es su nombre? – preguntó la niña señalando a Takashima.
Su… nombre? – se extraño la mujer – no lo recuerdo Zetsu, que importa. Anda vamonos…
¿Esta muñeca es tuya? – preguntó Zetsu con aquel tono firme que bien podía semejar al de la mujer.
Si cariño, el trabaja aquí – dijo Reila acercándose a ella. Pero Zetsu fue más rápida y antes de que pudiese sujetarla, esta se acercó hasta Takashima.
¿Como te llamas? –preguntó la niña agachándose para quedar a la altura de su cara.
Ta…Takashima Kouyou – respondió el joven con la voz entrecortada.
Que nombre tan difícil de pronunciar – comentó Zetsu un tanto pensativa.
Reila-sama, según las chicas que presenciaron todo, Takashima comenzó la disputa con el cliente – le informó el guardia que había entrado junto con Maru segundos antes. Reila frunció el ceño.
Si había algo que detestara era dar una mala imagen a sus clientes.
Sácalo de aquí, ya me encargaré de esto cuando regrese – dijo la mujer con cierta impaciencia. El guardia tan solo asintió y fue hasta donde se encontraba Takashima.
Tía Reila – intervino la pequeña Zetsu cuando el guardia levantó a Takashima con cierta brusquedad - ¿esta muñeca es tuya?
Cariño, deja de llamar así a las personas – dijo Reila. El comentario le había hecho cierta gracía; ciertamente el vocabulario de Zetsu era muestra de que pasaba la mayor parte del tiempo con adultos – y apresúrate que ya es tarde.
Tía Reila – insistió Zetsu esta vez levantando su tono – dijiste que me darías lo que yo quisiera para mi cumpleaños, si tu no quieres a Takashima yo lo quiero.
La rubia se quedo extrañada ante aquella petición. Zetsu yo no me refería a eso – dijo la rubia.
El guardia por su parte aun sostenía a Takashima con la indecisión de irse o permanecer ahi. Por un momento aquella escena se asemejaba al de una niña pidiendo a su madre el juguete que el vendedor acababa de mostrarle.
Tu prometiste que me darías lo que yo quisiera – dijo la niña con seriedad. – y también me haz dicho que las promesas que se hacen son para cumplirse.
Si Zetsu, ya se que te prometí lo que tu quisieras pero entiende, esto es diferente – dijo Reila aproximándose a su sobrina y con una rápida mirada, el guardía entendió que debía sacar de allí a Takashima.
Zetsu escuchame – pidió Reila arrodillandose frente a la niña, pero ésta siguió a Takashima hsta que lo perdió de vista.
No se que te haya dicho tu madre, pero todas las personas que trabajan aquí no me pertenecen, sólo tienen que pagar sus deudas conmigo y por eso trabajan aquí – explicó la rubia sin que Zetsu le mirase si quiera.
Mientes…- dijo Zetsu después de una breve pausa, fijando sus ojos en los de la mujer – y nada de lo que digas va a cambiar el hecho de que no cumpliste con tu promesa.
Zetsu, ese chico es una persona, no una mascota o un juguete que puedas llevar a casa – dijo Reila poniéndose de pie – lo lamento pero no puedo hacer lo que me pides.
Tu no te lo mereces – dijo la niña con la vista fija en sus zapatos – si yo tuviera una muñeca que me cuidase como lo hizo el, no dejaría que nadie la golpeara y la tratara como tu la tratas.
No quieras chantajearme con eso – exclamó Reila comenzando a impacientarse – no te voy a dar lo que me pides y eso es todo.
¿Y por que no habrías de darle a mi hija lo que te pide? – se escuchó una voz burlona detrás de ellas.
¡Ah tu! Lo único que me faltaba – exclamó Reila al ver a su hermana en el recibidor.
Madara era mujer tan alta como ella, de piel un poco mas bronceada, cabello castaño claro y los mismos ojos zarcos.
¿Y ahora que capricho quiere que le cumplas? – preguntó Madara con el mismo tono burlón.
Tu hija quiere llevarse a uno de los muchachos, eso es todo – murmuró Reila
Bueno, si traes a mi hija a un prostíbulo es obvio que la mercancía tienda a agradarle – murmuró Madara entre risas – incluso a su madre le ocurre lo mismo.
¡Madara deja de hablar estupideces! – se quejó Reila ante la poca seriedad del asunto.
Es sólo una broma hermana, caray! Deberías ver tu expresión – dijo la mayor de las hermanas.
Ahora te diré lo que haremos – continuó Madara caminando en dirección a la oficina ya que unos clientes acababan de entrar.
Lo primero será – dijo Madara cerrando la puerta una vez que su hermana y su hija se hallaban dentro – revisar que los clientes no introduzcan drogas, contratar guardias realmente eficientes y deshacernos de las chismosas que corrieron a contarme lo sucedido en cuanto baje del auto. No es que no aprecie su preocupación por mi hija, pero no me gusta que mis empleadas sean tan comunicativas.
¿Y por ultimo? – preguntó Reila un tanto molesta por los reproches de Madara. Y por ultimo, quiero que vayas a buscar a ese chico.
¿Tu también? – exclamó Reila.
Sólo haz lo que te pido – dijo su hermana con tono calmo.
Reila salió de la oficina murmurando lo caprichosas que eran y las barbaridades que tenía que hacer cuando ella andaba por allí.
Zetsu – llamó su madre a la niña que había estado escuchando todo en silencio desde la chimenea - ese chico, te dijo algo… ¿hizo algo que te impresionara?
Había un sujeto armando alboroto en cerca del salón, yo fui a ver y él intentó atacarme – explico la niña – Takashima lo golpeó en la cabeza con una botella para que no me hiciera nada.
¿Takashima peleaba con el caballero cuando tu llegaste?- preguntó Madara escuchando atenta.
Si, cuado yo llegué ese hombre lo estaba golpeando y el no podía defenderse – dijo Zetsu con cierto enojo en su tono, Madara se percató de aquello y de algo más.
Están atendiendo sus heridas, bajará después – dijo Reila en cuanto regresó a la oficina. Zetsu no dijo nada y salió de ahí tal y como se lo había pedido su madre segundos antes.
¿Sucede algo? – preguntó la rubia un tanto dudosa de querer saber que se le había ocurrido a su hermana esta vez. Sabía cuando planeaba algo, aquella sonrisa de complicidad en su rostro se lo decía.
Ese chico se va con nosotras- dijo Madara tranquilamente mientras buscaba los cigarrillos en su bolso.
¿Que dices? ¿te has vuelto loca? – replicó la otra – ¿vas a dejar a un total desconocido entrar a tu casa? ¿¡Que vendrá después!? Un auto, una casa, un elefante?! Por Dios Madara no puedes darle a Zetsu todo lo que te pida, no importa si puedes dárselo!
Reila…- dijo la mayor con la misma serenidad mientras encendía el cigarrillo entre sus labios - ¿Cuándo fue la ultima vez que Zetsu nos pidió algo con tanta insistencia? Acaso no notaste como esa frialdad pareció desvanecerse cuando te hablaba de él, no notaste esa pizca de compasión en su tono?
La rubia tan solo permaneció en silencio, lo que Madara decía tenía razón pero nada les aseguraba que fuese lo correcto. Desde que el padre de Zetsu había muerto ella no había sido la misma.
Ella había tratado de ayudar a Madara cuidando de su sobrina tanto como podía pero nada había logrado tener resultado.
Zetsu era una niña que se mantenía al margen de todo contacto humano, prefería la soledad y con ellas se mostraba sería, fastidiada, como si nada a su alrededor tuviese realmente significado.
No se que haya sido, sólo sé que ese muchacho logró despertar mas emociones en Zetsu de lo que han logrado tantas sesiones de terapia y psicólogos que no han servido para nada – dijo Madara con seriedad – no se si sea lo correcto o no, sólo sé que eso es lo que quiere.
¿Y si no funciona? – preguntó la rubia.
Entonces lo regresamos aquí y nada habrá pasado – dijo Madara dando por terminada aquella conversación en el instante en que Zetsu entró nuevamente en la oficina.
Esa era la frialdad con la que ambas hermanas trataban sus asuntos, que importa si de una vida se trataba. No había espacio para miramientos ni consideraciones de ningún tipo y eso mismo les había garantizado el dinero y poder por el que eran tan bien conocidas.
Mamá vamonos, Uruha ya nos espera en el auto – dijo Zetsu con impaciencia jalando del brazo de su madre – gracias tía Madara.
¿Uruha? – se extrañó Reila – ¿que es eso?
Mi nueva muñeca – contestó Zetsu sin poder ocultar la sonrisa que se dibujaba en su rostro.
Uruha abrió los ojos lentamente, acostumbrando sus ojos a la intensa luz que a esa hora se colaba dentro de la habitación.
Dejó escapar un prolongado suspiro cuando sintió aquel alivio que le producía encontrarse ahí; en la comodidad de su cama, rodeado de las cosas que apreciaba, de los sonidos matutinos a los que se había acostumbrado, de los aromas cotidianos al rededor.
Hacía mucho tiempo que había dejado de pensar en lo ocurrido aquella noche, sólo que su inconciente a veces le jugaba bromas y traía a sus sueños aquellas perturbadoras imágenes. Extendió su brazo buscando a quien se suponía que dormía a su lado, pero en cambio sólo encontró una nota:
Fui a “la juguetería”, te veo en el almuerzo… Zetsu.
El muchacho se incorporó rápidamente. Detestaba ese lugar y más aun, que Zetsu fuese sola. Le irritaba el sólo hecho de imaginarla rodeada de aquellas nauseabundas personas, que importaba si él había salido de la misma bolsa de basura.
Había convivido con aquella calaña lo suficiente como saber que no eran de fiar. Y sin más, Uruha se vistió con lo primero que encontró y salió a toda prisa de la mansión.
Cuando llegó a “la juguetería” ya pasaba del medio día. Como era de esperarse el lugar se encontraba vacío a excepción de un par de mujeres que se dedicaban a hacer la limpieza.El lugar aún era el mismo pero él ya no. Sin dirigirle la palabra a nadie, entró directamente al vestíbulo, desde donde podía escucharse claramente la melodía del piano proveniente del salón.
Dudo que alguien aquí sepa apreciar esa canción – pensó Uruha entrando de una vez en el salón. Tal y como lo esperaba, Zetsu se encontraba sentada frente al piano, dando la espalda a un publico inexistente.
¿Que haces aquí? – preguntó él joven cuando se hallaba a unos pasos de ella. Espero a alguien que podría ayudarnos – contestó ella sin dejar de presionar con delicadeza las teclas bajo sus dedos.
Zetsu siempre había disfrutado tocar del piano, pero el nerviosismo de ser observada no le había permitido compartir su don con un verdadero público. Uruha por su parte, siempre había disfrutado escucharla tocar el piano, por lo que no dudo en ir hasta donde se encontraba.Se acercó a ella con paso lento, como tratando de no romper su concentración.
La misma melodía triste que tocaba cada vez que algo le preocupaba, la misma expresión sería, los mismos ojos fijos sobre las teclas.No importaba cuantos años hubiese pasado, él aun la veía como aquella niñita rubia de ojos triste.
Y las notas se detuvieron de repente.
Uruha había abrazado a Zetsu por la espalda, pasando sus brazos por encima de los delgados hombros de la chica, apoyando su frente sobre la cálida espalda de ella.
¿Pasa algo? –preguntó Zetsu en tono quedo.
Zetsu… -preguntó el joven con titubeo, casi en un susurro - ¿co…cómo me llamo?
Para mi siempre serás Uruha – contestó la chica después de varios segundos tomando sus manos entre las suyas – no me importa si te llamas Takashima Kouyou, que tengas la edad que tengas, que vengas de no se donde por no se que razón.
Gracias… -murmuró Uruha dejando escapar un breve suspiro. Ella sonrió para sus adentros; siempre contestaría la misma pregunta con la misma respuesta, por que incluso ella a veces dudaba de quien era.
Y tampoco me importa que seas un testarudo, gruñón – acotó Zetsu rompiendo el silencio en el salón - desconfiado, remilgoso que fuma como locomotora…
Bueno, ya entendí el punto – sonrió Uruha – no tienes que ser tan especifica.
Por cierto, aun no me dices ¿a quien esperas…?- preguntó él.
¿Me buscabas? – preguntó el joven pelinegro que acababa de entrar en la pieza.
Zetsu ni siquiera volteó a verle; podía reconocer la arrogancia en el tono de Shiroyama Yuu a kilómetros de distancia.
Aoi-san…– dijo Zetsu cerrando la tapa del piano de un solo golpe - tengo un negocio que proponerte.
Notas finales del capítulo:
Todas las chicas que trabajaban ahí vestían el mismo traje negro de sirvienta francesa. Algunas recibían a los clientes en la entrada, otras más andaban de un lado hacía otro con pequeñas bandejas con bebidas y otras más acompañaban a los clientes, ya sea en sus mesas o hacía las habitaciones. Aunque las chicas eran las más solicitadas, podía verse a varios chicos acompañando tanto a caballeros como a damas en el salón, ellos por su parte vestían como todo un mayordomo y los que estaba solo permanecían de pie a un lado de la entrada.
¿Todavía estas aquí…?! – murmuró una voz tras del menor. El joven se había quedado tan embelesado con la melodía, que tardó en reconocer la voz del sujeto tras él.
¡Te estoy llamando pequeña puta! – exclamó el hombre llamando la atención de los que se encontraban en el recibidor. Señor, voy a pedir que se retire por favor…- dijo Takashima en tono quedo, notando que las miradas comenzaban a fijarse en ellos. El sujeto frunció el ceño y pasó a un lado del muchacho. Justo cuando parecía que el hombre subiría nuevamente a la habitación, dio media vuelta y arremetió en contra del chico.
El menor intentó defenderse, pero aquel hombre lo golpeaba con tal fiereza que parecía fuera de si. Takashima no grito, tan poco pidió ayuda. Las jovencitas que se amontonaron alrededor poco a nada podrían hacer. El piano seguía tocando, dentro del salón, nadie se percataba del alboroto en el recibidor. Y mientras el hombre continuaba golpeándolo, entre el sonido de los gritos de auxilio de las chicas y el piano de fondo, Takashima visualizó una figura extraña junto a la puerta del salón. Era una niña que quizás no pasaba de los trece. De largo cabello rubio y ojos oscuros que acentuaban la serenidad en su rostro.
Takashima continuó mirándola fijamente. Jamás había visto antes a esa pálida niña y pese a la expresión sería de la pequeña, jamás olvidaría la empatía que sintió cuando sus miradas se cruzaron por breves instantes.
Nadie dijo que la muerta fuese tan bella – pensó Takashima. Desde hacía varios años eso era lo que más había deseado. Acabar de una buena vez con esa existencia vacía, despedirse de un mundo al que jamás le había interesado, terminar por fin con toda la miseria que había tenido que vivir. No había tenido el valor de hacerlo por si mismo, y ahora era el momento idónea para dejar que ocurriera.
¿Había cosas peores que ser golpeado por drogadictos alcoholizados, que tener que vender su cuerpo cada noche cuantas veces fuese necesario, de tener que pasar tantas humillaciones por unos cuantos centavos, de tener que ahogar su llanto y beber hasta sentirse un poco fuera de esa realidad que poco a poco lo había carcomido? Si nadie ha regresado de la muerte, seguramente es por que la han encontrado mucho mejor que cualquier suplicio
. ¡¿Que tanto ves?! – exclamó colérico el hombre al notar la mirada perdida de Takashima. Pero sus golpes habían comenzado a perder fuerza y ahora el muchacho en el suelo parecía comenzar a perder la conciencia.
Que hombre tan desagradable – dijo la niña fuerte y claro, mirándole fijamente. Aquel momento pareció eterno, el piano se había detenido por un instante antes de continuar con otra pieza.
Pequeña sin vergüenza – murmuró el hombre soltando al joven con brusquedad - ¿sabes que le sucede a las niñas insolentes como tu…? Para mayor molestia del hombre la niña ni siquiera se inmuto, continuaba viéndole a la cara de forma desafiante.
Ante la mirada atónita de las chicas que habían llegado para ver lo que ocurría, el hombre se tambaleó en dirección a la pequeña con la mirada fija en ella. Una de las chicas que se encontraba observando dejó escapar un grito.
Todo había ocurrido en apenas segundos. Se escuchó un golpe seco en cuanto el hombre se desplomó al suelo. El joven había tomado la botella de smirnoff del suelo y la había estrellado justo en la cabeza del hombre. Segundos más tarde, éste también se tambaleó, logrando sujetarse del barandal para no caer.
And high up above or down below
When you're too in love to let it go
But if you never try you'll never know
Just what you're worth
¡Zetsu-sama! – llamó una joven de cabello negro pasando entre el resto de las chicas junto con uno de los guardias – Zetsu-sama se encuentra bien!
Estoy bien Maru – contestó la niña sin dejar de ver a Takashima quien acababa de caer al suelo.
¡¿Qué diablos esta pasando aqui?! – dijo la voz de una mujer detrás del tumulto que se había formado en el vestíbulo.
Rápidamente algunas de las chicas se esparcieron con nerviosismo. Observando la escena con desdén, se encontraba una rubia de penetrantes ojos zarcos. La mujer venía acompañada de dos guardias más, quienes de inmediato sacaron al hombre del lugar.
¡Asi es como cuidas de ella! – exclamó la mujer con enojo mirando a Maru con severidad. La joven tomó a la pequeña Zetsu de la mano con nerviosismo.
Reila-sama lo lamento – se disculpó Maru con torpeza – sólo la dejé un segundo para ir por sus cosas al auto y…!
Ahórrate tus explicaciones – dijo Reila viendo al resto de las chicas – y ustedes que esperan holgazanas, vayan a trabajar! Y tu tráeme lo que te pedí de una buena vez! Dejando a la pequeña justo ahí, Maru salió presurosa del vestíbulo igual que el resto de las chicas.
Zetsu-kun, ¿que no te pedi quedarte en mi oficina? – pregunto Reila desapareciendo por completo aquel tono severo – anda vamonos de aquí, ya es tarde.
Pero la pequeña continuaba mirando al joven con algo más que curiosidad.
¿Que sucede linda? –pregunto extrañada la rubia - ¿te lastimaron? ¿estas bien?
¿Cuál es su nombre? – preguntó la niña señalando a Takashima.
Su… nombre? – se extraño la mujer – no lo recuerdo Zetsu, que importa. Anda vamonos…
¿Esta muñeca es tuya? – preguntó Zetsu con aquel tono firme que bien podía semejar al de la mujer.
Si cariño, el trabaja aquí – dijo Reila acercándose a ella. Pero Zetsu fue más rápida y antes de que pudiese sujetarla, esta se acercó hasta Takashima.
¿Como te llamas? –preguntó la niña agachándose para quedar a la altura de su cara.
Ta…Takashima Kouyou – respondió el joven con la voz entrecortada.
Que nombre tan difícil de pronunciar – comentó Zetsu un tanto pensativa.
Reila-sama, según las chicas que presenciaron todo, Takashima comenzó la disputa con el cliente – le informó el guardia que había entrado junto con Maru segundos antes. Reila frunció el ceño.
Si había algo que detestara era dar una mala imagen a sus clientes.
Sácalo de aquí, ya me encargaré de esto cuando regrese – dijo la mujer con cierta impaciencia. El guardia tan solo asintió y fue hasta donde se encontraba Takashima.
Tía Reila – intervino la pequeña Zetsu cuando el guardia levantó a Takashima con cierta brusquedad - ¿esta muñeca es tuya?
Cariño, deja de llamar así a las personas – dijo Reila. El comentario le había hecho cierta gracía; ciertamente el vocabulario de Zetsu era muestra de que pasaba la mayor parte del tiempo con adultos – y apresúrate que ya es tarde.
Tía Reila – insistió Zetsu esta vez levantando su tono – dijiste que me darías lo que yo quisiera para mi cumpleaños, si tu no quieres a Takashima yo lo quiero.
La rubia se quedo extrañada ante aquella petición. Zetsu yo no me refería a eso – dijo la rubia.
El guardia por su parte aun sostenía a Takashima con la indecisión de irse o permanecer ahi. Por un momento aquella escena se asemejaba al de una niña pidiendo a su madre el juguete que el vendedor acababa de mostrarle.
Tu prometiste que me darías lo que yo quisiera – dijo la niña con seriedad. – y también me haz dicho que las promesas que se hacen son para cumplirse.
Si Zetsu, ya se que te prometí lo que tu quisieras pero entiende, esto es diferente – dijo Reila aproximándose a su sobrina y con una rápida mirada, el guardía entendió que debía sacar de allí a Takashima.
Zetsu escuchame – pidió Reila arrodillandose frente a la niña, pero ésta siguió a Takashima hsta que lo perdió de vista.
No se que te haya dicho tu madre, pero todas las personas que trabajan aquí no me pertenecen, sólo tienen que pagar sus deudas conmigo y por eso trabajan aquí – explicó la rubia sin que Zetsu le mirase si quiera.
Mientes…- dijo Zetsu después de una breve pausa, fijando sus ojos en los de la mujer – y nada de lo que digas va a cambiar el hecho de que no cumpliste con tu promesa.
Zetsu, ese chico es una persona, no una mascota o un juguete que puedas llevar a casa – dijo Reila poniéndose de pie – lo lamento pero no puedo hacer lo que me pides.
Tu no te lo mereces – dijo la niña con la vista fija en sus zapatos – si yo tuviera una muñeca que me cuidase como lo hizo el, no dejaría que nadie la golpeara y la tratara como tu la tratas.
No quieras chantajearme con eso – exclamó Reila comenzando a impacientarse – no te voy a dar lo que me pides y eso es todo.
¿Y por que no habrías de darle a mi hija lo que te pide? – se escuchó una voz burlona detrás de ellas.
¡Ah tu! Lo único que me faltaba – exclamó Reila al ver a su hermana en el recibidor.
Madara era mujer tan alta como ella, de piel un poco mas bronceada, cabello castaño claro y los mismos ojos zarcos.
¿Y ahora que capricho quiere que le cumplas? – preguntó Madara con el mismo tono burlón.
Tu hija quiere llevarse a uno de los muchachos, eso es todo – murmuró Reila
Bueno, si traes a mi hija a un prostíbulo es obvio que la mercancía tienda a agradarle – murmuró Madara entre risas – incluso a su madre le ocurre lo mismo.
¡Madara deja de hablar estupideces! – se quejó Reila ante la poca seriedad del asunto.
Es sólo una broma hermana, caray! Deberías ver tu expresión – dijo la mayor de las hermanas.
Ahora te diré lo que haremos – continuó Madara caminando en dirección a la oficina ya que unos clientes acababan de entrar.
Lo primero será – dijo Madara cerrando la puerta una vez que su hermana y su hija se hallaban dentro – revisar que los clientes no introduzcan drogas, contratar guardias realmente eficientes y deshacernos de las chismosas que corrieron a contarme lo sucedido en cuanto baje del auto. No es que no aprecie su preocupación por mi hija, pero no me gusta que mis empleadas sean tan comunicativas.
¿Y por ultimo? – preguntó Reila un tanto molesta por los reproches de Madara. Y por ultimo, quiero que vayas a buscar a ese chico.
¿Tu también? – exclamó Reila.
Sólo haz lo que te pido – dijo su hermana con tono calmo.
Reila salió de la oficina murmurando lo caprichosas que eran y las barbaridades que tenía que hacer cuando ella andaba por allí.
Zetsu – llamó su madre a la niña que había estado escuchando todo en silencio desde la chimenea - ese chico, te dijo algo… ¿hizo algo que te impresionara?
Había un sujeto armando alboroto en cerca del salón, yo fui a ver y él intentó atacarme – explico la niña – Takashima lo golpeó en la cabeza con una botella para que no me hiciera nada.
¿Takashima peleaba con el caballero cuando tu llegaste?- preguntó Madara escuchando atenta.
Si, cuado yo llegué ese hombre lo estaba golpeando y el no podía defenderse – dijo Zetsu con cierto enojo en su tono, Madara se percató de aquello y de algo más.
Están atendiendo sus heridas, bajará después – dijo Reila en cuanto regresó a la oficina. Zetsu no dijo nada y salió de ahí tal y como se lo había pedido su madre segundos antes.
¿Sucede algo? – preguntó la rubia un tanto dudosa de querer saber que se le había ocurrido a su hermana esta vez. Sabía cuando planeaba algo, aquella sonrisa de complicidad en su rostro se lo decía.
Ese chico se va con nosotras- dijo Madara tranquilamente mientras buscaba los cigarrillos en su bolso.
¿Que dices? ¿te has vuelto loca? – replicó la otra – ¿vas a dejar a un total desconocido entrar a tu casa? ¿¡Que vendrá después!? Un auto, una casa, un elefante?! Por Dios Madara no puedes darle a Zetsu todo lo que te pida, no importa si puedes dárselo!
Reila…- dijo la mayor con la misma serenidad mientras encendía el cigarrillo entre sus labios - ¿Cuándo fue la ultima vez que Zetsu nos pidió algo con tanta insistencia? Acaso no notaste como esa frialdad pareció desvanecerse cuando te hablaba de él, no notaste esa pizca de compasión en su tono?
La rubia tan solo permaneció en silencio, lo que Madara decía tenía razón pero nada les aseguraba que fuese lo correcto. Desde que el padre de Zetsu había muerto ella no había sido la misma.
Ella había tratado de ayudar a Madara cuidando de su sobrina tanto como podía pero nada había logrado tener resultado.
Zetsu era una niña que se mantenía al margen de todo contacto humano, prefería la soledad y con ellas se mostraba sería, fastidiada, como si nada a su alrededor tuviese realmente significado.
Lights will guide you home
And ignite your bonesAnd
I will try to fix you
No se que haya sido, sólo sé que ese muchacho logró despertar mas emociones en Zetsu de lo que han logrado tantas sesiones de terapia y psicólogos que no han servido para nada – dijo Madara con seriedad – no se si sea lo correcto o no, sólo sé que eso es lo que quiere.
¿Y si no funciona? – preguntó la rubia.
Entonces lo regresamos aquí y nada habrá pasado – dijo Madara dando por terminada aquella conversación en el instante en que Zetsu entró nuevamente en la oficina.
Esa era la frialdad con la que ambas hermanas trataban sus asuntos, que importa si de una vida se trataba. No había espacio para miramientos ni consideraciones de ningún tipo y eso mismo les había garantizado el dinero y poder por el que eran tan bien conocidas.
Mamá vamonos, Uruha ya nos espera en el auto – dijo Zetsu con impaciencia jalando del brazo de su madre – gracias tía Madara.
¿Uruha? – se extrañó Reila – ¿que es eso?
Mi nueva muñeca – contestó Zetsu sin poder ocultar la sonrisa que se dibujaba en su rostro.
Tears stream down your face
When you lose something you cannot replace
Tears stream down your faceAnd I
Uruha abrió los ojos lentamente, acostumbrando sus ojos a la intensa luz que a esa hora se colaba dentro de la habitación.
Dejó escapar un prolongado suspiro cuando sintió aquel alivio que le producía encontrarse ahí; en la comodidad de su cama, rodeado de las cosas que apreciaba, de los sonidos matutinos a los que se había acostumbrado, de los aromas cotidianos al rededor.
Hacía mucho tiempo que había dejado de pensar en lo ocurrido aquella noche, sólo que su inconciente a veces le jugaba bromas y traía a sus sueños aquellas perturbadoras imágenes. Extendió su brazo buscando a quien se suponía que dormía a su lado, pero en cambio sólo encontró una nota:
Fui a “la juguetería”, te veo en el almuerzo… Zetsu.
El muchacho se incorporó rápidamente. Detestaba ese lugar y más aun, que Zetsu fuese sola. Le irritaba el sólo hecho de imaginarla rodeada de aquellas nauseabundas personas, que importaba si él había salido de la misma bolsa de basura.
Había convivido con aquella calaña lo suficiente como saber que no eran de fiar. Y sin más, Uruha se vistió con lo primero que encontró y salió a toda prisa de la mansión.
Cuando llegó a “la juguetería” ya pasaba del medio día. Como era de esperarse el lugar se encontraba vacío a excepción de un par de mujeres que se dedicaban a hacer la limpieza.El lugar aún era el mismo pero él ya no. Sin dirigirle la palabra a nadie, entró directamente al vestíbulo, desde donde podía escucharse claramente la melodía del piano proveniente del salón.
Dudo que alguien aquí sepa apreciar esa canción – pensó Uruha entrando de una vez en el salón. Tal y como lo esperaba, Zetsu se encontraba sentada frente al piano, dando la espalda a un publico inexistente.
¿Que haces aquí? – preguntó él joven cuando se hallaba a unos pasos de ella. Espero a alguien que podría ayudarnos – contestó ella sin dejar de presionar con delicadeza las teclas bajo sus dedos.
Zetsu siempre había disfrutado tocar del piano, pero el nerviosismo de ser observada no le había permitido compartir su don con un verdadero público. Uruha por su parte, siempre había disfrutado escucharla tocar el piano, por lo que no dudo en ir hasta donde se encontraba.Se acercó a ella con paso lento, como tratando de no romper su concentración.
La misma melodía triste que tocaba cada vez que algo le preocupaba, la misma expresión sería, los mismos ojos fijos sobre las teclas.No importaba cuantos años hubiese pasado, él aun la veía como aquella niñita rubia de ojos triste.
Y las notas se detuvieron de repente.
Uruha había abrazado a Zetsu por la espalda, pasando sus brazos por encima de los delgados hombros de la chica, apoyando su frente sobre la cálida espalda de ella.
¿Pasa algo? –preguntó Zetsu en tono quedo.
Zetsu… -preguntó el joven con titubeo, casi en un susurro - ¿co…cómo me llamo?
Para mi siempre serás Uruha – contestó la chica después de varios segundos tomando sus manos entre las suyas – no me importa si te llamas Takashima Kouyou, que tengas la edad que tengas, que vengas de no se donde por no se que razón.
Gracias… -murmuró Uruha dejando escapar un breve suspiro. Ella sonrió para sus adentros; siempre contestaría la misma pregunta con la misma respuesta, por que incluso ella a veces dudaba de quien era.
Y tampoco me importa que seas un testarudo, gruñón – acotó Zetsu rompiendo el silencio en el salón - desconfiado, remilgoso que fuma como locomotora…
Bueno, ya entendí el punto – sonrió Uruha – no tienes que ser tan especifica.
Por cierto, aun no me dices ¿a quien esperas…?- preguntó él.
¿Me buscabas? – preguntó el joven pelinegro que acababa de entrar en la pieza.
Zetsu ni siquiera volteó a verle; podía reconocer la arrogancia en el tono de Shiroyama Yuu a kilómetros de distancia.
Aoi-san…– dijo Zetsu cerrando la tapa del piano de un solo golpe - tengo un negocio que proponerte.
Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you.
Notas finales del capítulo:
“Fix You” de Coldplay
No hay comentarios:
Publicar un comentario