jueves, 17 de marzo de 2011

4.Ilusión óptica


“La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.”
Benjamin Franklin



We'll do it all

Everything

On our own

We don't need

Anything or any one
Eran cerca de las cinco de la tarde. El sol aun brillaba con fuerza y se colaba por entre las ramas de aquel árbol bajo el que descansaban. El viento susurraba entre las ramas y a lo lejos podía escuchar la risa de los niños jugando en la fuente, el murmullo casi imperceptible de los transeúntes, el rechinido metálico de los columpios conforme se movían.

Reita había observado todos aquellos detalles mientras esperaba a que Watari despertara, después de todo, ya se había acostumbrado a las constantes siestas del mayor en el lugar menos pensado.

Y ahí, justo en medio de toda aquella escena sacada un cuadro de Renoir, el fotógrafo se cuestionó la forma que tenía la verdadera “felicidad”.

¿Quién había formulado el concepto? ¿Acaso sólo es feliz el que anda por la vida con una sonrisa en el rostro? ¿O acaso esa era la imagen que los medios nos habían difundido para vendernos algún producto?

Una persona no puede estar feliz siempre, del mismo modo en que, no siempre puede ser desdichada; por mínimo que sea el momento, todos alguna vez llegamos a sentir ira, amor, desilusión, rencor, envidia, felicidad… a algunos nos dura menos, a algunos nos dura más.

Nos demos cuenta o no, es difícil definir nuestro estado de ánimo siendo que las emociones son un vaivén eterno.

If I lay here

If I just lay here

Would you lie with me

and just forget the world

Cuando Watari despertó, Reita tenía la mirada fija al frente, esa expresión pensativa que frecuentemente podía observar en él. Le observó un par de minutos hasta que por fin la curiosidad fue demasiada y decidió romper con el silencio.

¿Qué tanto ves? – preguntó Watari mirándole de reojo.

Nada en particular…- contestó Reita saliendo de su ensimismamiento.

Cuando uno mira fijamente es por que quiere ver algo más allá de lo no que puede – comentó Watari aun recostado sobre el pasto – como por ejemplo… esas nubes.

No te voy a dar oportunidad de analizarme a través de nubes amorfas – murmuró Reita ante el inusual comentario- es igual a esa prueba de las manchas de tinta que me hiciste hacer, ¿no?

¿Cuándo te volviste tan paranoico? – dijo Watari con una sonrisa, recordando aquel incidente en el que, el mayor aseguró que Reita tenía el perfil psicológico de un asesino serial.

¿Y tu cuándo te volviste psicoanalista? – le miró Reita de reojo.

Como si tu estado mental fuera novedad para mi - Murmuró Watari con desinterés regresando la vista al cielo – no te sientas tan importante.

Reita se acostó a un lado accediendo a la infantil petición. No había nada que perder, ni mucho menos algo mejor que hacer. Tenderse en el pasto a observar nubes no cambiaría nada en lo absoluto.

Esa tiene forma de tazón…- murmuró el menor después de unos minutos – un tazón muy chueco.

¿Y esa otra? – preguntó Watari señalando al cielo.

Parece un… martillo – contestó Reita algo dudoso.

¿Un Martillo? – se extrañó el mayor.

Es lo que acabo de decir – murmuró Reita arqueando una ceja – que falta de imaginación la tuya.

Yo diría que tiene forma de cucharón – dijo Watari tratando de encontrarle forma de algo más.

De cerca parece más una escoba – dijo Reita un tanto dudoso a medida que las nubes pasaban sobre de ellos.

Yo insisto, parece un cucharón – comentó Watari entre risas. Pasaron varios minutos, muchas más nubes y pequeños lapsos de silencio absoluto.

En uno de ellos, Reita miró de reojo a su amigo, seguro de que jamás había conocido y quizás jamás conocería a alguien como él. Watari era una de esas personas que no tienen tiempo para deprimirse, dejarse abatir por las adversidades, lamentarse por el pasado ni temer por el futuro, por que simplemente, están muy ocupadas viviendo el presente de la mejor manera posible.

Alguien que a pesar de la distinción y separación que existía a su alrededor prefería ver todo como un todo. Un curioso por naturaleza, que le había mostrado el deleite que podía encontrar en las trivialidades de su vida y en ocasiones Reita llegó a sentirse nuevamente como un niño arrullado con aquel cuento de hadas que Watari creaba con la realidad sólo para él.

¿Y esa? – preguntó el mayor después de unos minutos de silencio.

No tiene forma de nada…- contestó Reita echando apenas un vistazo.

Yo le veo… forma como de trébol – dijo el mayor dibujando una leve sonrisa en su rostro - a lo mejor es nuestro día de suerte.

¿Por que? – se extrañó el otro.

Nadie dijo que tenías que encontrar un trébol en la hierba para que funcionara ¿o si? – Contestó Watari con seriedad – yo digo que éste también podría funcionar.

En ese caso, puede que sea nuestro día de suerte – dijo Reita imitando la seriedad en su tono.

Si… quizás a veces lo único que se necesita es un poco de suerte. – murmuró Watari girándose a verlo con una sonrisa. El rubio también sonrió.

Era feliz.

En ese momento podía asegurarlo y no sólo por que una sonrisa parecía dibujarse en su rostro casi involuntariamente.

I don't quite know

How to say

How I feel

Quizás no poseía todas las cosas que deseaba, ni hecho las que se había propuesto ni evitado las que no quería y sin embargo en aquel momento sintió no necesitar de nada más. Estaba a gusto con la persona a su lado, con lo que les rodeaba, con lo que tenían… estaba satisfecho con aquello.

Si, quizás a veces lo único que necesitamos es un poco suerte. Suerte para tener una familia que te aprecie, un trabajo que te agrade, buenos amigos, una persona con la que quisieras pasar el resto de tus días. Y sin duda alguna, no necesitaba más suerte que la que tuvo al conocerle.

Con ese pensamiento en mente, Reita cerró los ojos por apenas unos instantes. Cuando los abrió nuevamente se encontraba de pie, en medio del parque; El sol brillaba con tal intensidad en el cielo despejado que tenía que protegerse los ojos y con cada ráfaga de viento que le acariciaba el rostro con olor a hierba.

Era tan... feliz, tan libre, tan apacible…una sensación que con el tiempo le resultaría del todo ajena.

De pronto el cielo oscureció cuando el sol se escondió tras una enorme nube gris. La brisa arreció y enfrió el aire. Abrió los ojos para encontrarse en un lugar totalmente desolado.El pasto bajo sus pies se había convertido en un lecho de piedras pequeñas y redondas, ya no se escuchaba la risa de los niños, ni el salpicar de la fuente, sólo el sonido del viento seco que murmuraba mientras arrastraba las hojas secas a sus pies.

Algo iba mal y reprimió el deseo de gritar por que sabía que nadie lo escucharía.

Delante de él, a cierta distancia, una piedra gris se erguía visible en medio de la hierba alta. Quería ir en dirección contraría y buscar a Watari, pero necesitaba averiguar qué había allí delante.

Cuando estuvo más cerca oyó unos golpes: ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!Apretó el paso y acabó corriendo sobre el camino de piedra, entre la hierba de afilados tallos que le arañaban los brazos.

Cayó de rodillas delante de la losa gris y tuvo que taparse la boca para contener aquel alarido, aquella era la tumba de Watari.

¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! – escuchó una vez más. El sonido provenía de la losa. Watari estaba intentando salir, le llamaba, podía escuchar su voz casi en un susurro. Reita se acercó hasta poner su oído sobre la fría losa y pudo escucharlo al fin.

Reita… ¿que estas esperando? – escuchó la voz de Watari una vez más justo en el momento en que aquel sonido hueco e insistente se escuchó nuevamente.

Reita despertó del sueño y oyó que alguien aporreaba su puerta con fuerza.

Those three words

Are said too much

They're not enough

¡Reita! ¡Reita! ¡Sé que estás ahí! ¡Déjame entrar, por favor! – escuchó decir al muchacho. Confuso y medio dormido, fue a abrir la puerta y encontró a su amigo con aquella expresión de preocupación que le hacía sentir tan culpable.

¿Qué estabas haciendo? ¡Llevo siglos llamando a la puerta! – se quejó el muchacho notoriamente alterado. El tenía la misma edad que Reita, de estatura semejante, cabello castaño oscuro, ligeramente bronceado y unos infantiles ojos castaños que le daban al joven un aire de inocencia.

Perdona Kai. Me quedé dormido en el sofá – murmuró Reita haciéndose a un lado para dejarlo pasar.

Tienes un aspecto horrible – comentó su amigo – ¿acaso rompiste todos los espejos?

Gracias, tu también te ves bien -dijo Reita poniendo los ojos en blanco y se giró para cerrar la puerta.

¡Dios, aquí falta el aire! - exclamó Kai. Recorrió el departamento abriendo ventanas y recogiendo tazas y platos vacíos en el recorrido. Los llevó a la cocina, los metió en el fregadero y se dispuso a lavarlos.

No tienes por qué hacerlo -protestó Reita débilmente-Ya lo haré yo...

¿Cuándo? ¿El año que viene? – preguntó Kai de espaldas a él - No quiero que vivas miserablemente ni pienso fingir que no me doy cuenta. ¿Por qué no vas a darte una ducha y cuando termines tomamos té?

¿Una ducha? ¿Cuándo se había siquiera lavado la cara por última vez? Kai tenía razón. Tenía un aspecto lamentable, el cabello grasiento, las raíces oscuras y el rostro ojeroso.

De acuerdo, pero no hay té -le advirtió Reita- No he ido a la... De pronto se sintió avergonzada ante lo mucho que había descuidado el departamento y a sí mismo.

Tal y como lo pensé - dijo Kai alzando una bolsa de plástico que el fotógrafo no había visto al recibirlo. Reita tan solo esbozó una ligera sonrisa y fue a bañarse.

Cuando al fin salió del baño, todas las ventanas estaban abiertas de par en par y la brisa fresca le despejó la mente. Fue como desprenderse de sus malos pensamientos y temores por un instante.

Entonces notó que Kai había ordenado y limpiado, había pasado la aspiradora y todas las habitaciones olían a ambientador de lavanda. Oyó ruidos en la cocina, donde encontró a su amigo secando los últimos platos que había lavado.

¡Kai eres un ángel! ¡Es increíble que hayas hecho todo esto en tan poco tiempo! – se sorprendió el joven tomando asiento frente a la barra de la cocina.

Pero si has estado en el baño por más de una hora. Estaba empezando a pensar que te habías ahogado en la bañera o incluso que te había tragado el desagüe, lo cual no sería de extrañar, teniendo en cuenta lo flaco que estás. – dijo Kai poniendo dos tazas de té humeante sobre la barra.

¿Una hora? – se extrañó Reita notando que sus dedos estaban todos arrugados a causa del agua.

En fin, he comprado un poco de fruta y verdura, los enlatados están en aquella alacena, la leche y el yogur ya están en el refrigerador junto con unos de esos no tan saludables platillos congelados – explicó Kai – y quiero saber que te lo haz comido todo y no lo haz dejado echarse a perder.

Por cierto – dijo su amigo mirándolo de arriba abajo - ¿Cuánto peso has perdido?

Reita se miró el cuerpo. Las costillas podían vérsele a través de la playera, los brazos se le notaban huesudos e incluso los pantalones parecían mas holgados de lo normal.

Hasta entonces, Reita no se había dado cuenta de lo mucho que había adelgazado. La voz de Kai la hizo regresar de nuevo a la realidad. Y también te deje unas cuantas latas de “Lifeguard” en la nevera.

Aquello fue demasiado para Reita. Desde la muerte de Watari, Kai le había llamado a diario y la mayor parte de las veces le dejaba recados en la contestadora por que el fotógrafo no se había sentido con ánimos de contestar.

Su amigo trabajaba en una estación de radio en la ciudad, por lo que no había tenido tiempo de visitarle desde hacía casi dos semanas. Gracias – susurró Reita con la vista fija en su taza de té – muchas gracias, no sé qué haría sin ti. Kai se sentó junto a él en total silencio, poniendo su mano sobre el hombro de su amigo, dejándolo continuar.

Eso era lo que más había horrorizado a Reita los últimos dos meses, venirse abajo delante de la gente en cualquier momento. Pero no se sentía avergonzado.

Kai se limitaba a beber sorbos de té, aun sujetándolo, como si fuese lo más normal. Finalmente las lágrimas dejaron de brotar.

Gracias – susurró Reita pasando el dorso de la mano sobre el rostro.

Si no te ayudo yo, ¿quién va a hacerlo? – dijo Kai esbozando una sonrisa alentadora.

Supongo que debería valerme por mí mismo – murmuró Reita tomando de su taza.

Si alguien me diera una moneda cada vez que te haces el fuerte… – murmuró el locutor restándole importancia con un ademán- Lo harás cuando estés preparado.

Supongo que tienes razón – dijo Reita.

Y algo más – esta vez el castaño le miró con severidad – promete que comerás.

Lo prometo – murmuró Reita no muy seguro de poder hacerlo – aunque tengo el presentimiento de que me harás hacerlo aunque no quiera.

Si tengo que obligarte, entonces lo haré – dijo Kai en tono burlón – vez como si te hace falta estar con alguien, los amigos y la familia podemos ayudarte.

Aunque, pensándolo mejor, quizá tu familia no pueda – bromeó el locutor – a tu madre podría darle un ataque cardiaco con solo ver como dejas este lugar.

Yo más bien diría que a mi madre le daría un ataque de ansiedad con sólo ver como es que cuidas de mi – rió Reita.

Y posiblemente tu padre te pondría a hacer un poco de ejercicio al ver lo flaco que estas – acotó Kai.

No gracias – dijo Reita entre risas – ¿acaso quieres verme subir corriendo las escaleras de la oficina postal igual que hizo Rocky?

Pues al menos sería bueno verte fuera de este departamento mas seguido – comentó Kai – ¿irás a verme alguna vez? ¿O al menos que saldrás de casa de vez en cuando?

Prometido – Reita puso los ojos en blanco- Estás empezando a parecerte a mi madre.

Mientras no quieras que te lea un cuento antes de dormir, tomaré eso como un cumplido – sonrió Kai.

En fin, ya haremos planes de salir cuando te sientas mejor –dijo el locutor llevando las tazas vacía al fregadero. A través de la ventana en la cocina podía ver que ya era de noche.

De acuerdo – dijo Reita acompañándole hasta la puerta.

¿Reita? – habló Kai justo detrás de él.

¿Si?

Tu perdiste a alguien muy querido y es una pena pero… – dijo el locutor con seriedad- no te dejes morir… no me quites a mi mejor amigo.

Reita tan solo asintió antes de que Kai le diera un abrazo de despedida.

iY come! –insistió Kai pinchándole las costillas antes de partir.

Habían pasado el día riendo, bromeando y recordando los viejos tiempos. La visita de Kai también le sirvió para ver las cosas de forma más objetiva. Los padres de Watari habían perdido un hijo, sus abuelos un nieto y el un amigo.

Pero había estado demasiado ocupado pensando en sí mismo como para percatarse de lo mucho que le preocupaba a Kai. Kai siempre le había provocado esa sensación de sentirse entre los vivos, de pertenecer al mundo aun cuando éste no se percataba de su existencia y más ahora, que vagaba alicaído entre los fantasmas de su pasado.

Mañana sería un nuevo día. Regresaría al trabajo o quizás buscaría uno nuevo, visitaría a su amigo, comería tal y como se lo había prometido, quizás iría al parque y contemplaría las nubes por un rato y quizás con el tiempo dejaría de ser tan difícil levantarse cada mañana y quizás algún día el también estaría demasiado ocupado viviendo como para entristecerse cada vez que el recuerdo de Watari le venía a la mente.

Quizás Watari había dejado estragos irreversibles en él, un hueco que por alguna razón parecía haberse llenado estando a su lado.

Quizás esa sensación de vacío permanecería en él por el resto de sus días, no lo sabía. De lo único que estaba seguro era que había muchas razones para vivir, y Kai era una de esas razones para seguir de pie.

If I lay here

If I just lay here

Would you lie with me

and just forget the world?

No entiendo por que la gente pierde tiempo hablando con los vendedores – exclamó Ruki azotando la puerta al entrar, logrando con ello despertar a Reita que se había quedado dormido en el sofá – obviamente no nos interesan sus vidas y viceversa, en su servicio debería incluir en “no hablar más de lo necesario”, esa si sería buena atención.

Esperar diez minutos por un café…- bufó Ruki dejando sobre la mesita de té los dos vasos de starbucks y una bolsa con muffins – y todo por que el sujeto delante de mi no paraba de hablar con el vendedor!

Paciencia Reita, paciencia – murmuró el fotógrafo haciendo un gran esfuerzo para no agredir al empresario de la forma más salvaje y violenta posible.

¿Qué había sucedido para que Reita tolerara a aquel sujeto? y ¿por que estaba ocultándose en su casa? Simple respuesta… dinero.

Después de su breve recuperación (varios días en cama y cantidades industriales de anestésicos y cigarrillos) Ruki había podido explicar a Reita y a Kai que él había sido emboscado por dos mujeres que pretendían quedarse con la parte de la compañía Taion.inc que le correspondería como herencia, que le habían culpado de desviar fondos para que lo despidieran y por si fuera poco, temía que de regresar aquellas mujeres terminaran con él de una buena vez.

Y aunque aquella historia parecía difícil de creer, no era algo en lo que el fotógrafo quisiese involucrarse. Claro que, Ruki poseía el don de la elocuencia, consiguiendo persuadirlos para que le dejaran esconderse ahí hasta que las cosas se calmaran, pudiera tomar lo que le quedaba y salir del país para no regresar jamás. La idea no le hizo mucha gracia a Reita hasta que escuchó la palabra “remuneración”, la cual, como todos sabemos, siempre es bien recibida en cualquier billetera.

Si ya terminaste de desayunar, podríamos irnos – murmuró Ruki notando que Reita apenas si había probado el café. Reita tan solo se encogió de hombros, tomó el muffin que se encontraba sobre la mesita y se encaminó hacia la puerta.

Dos horas después, ambos rubios se encontraban caminando en dirección desconocida por un vecindario un tanto sospechoso.

Reita vestía de lo más sencillo: jeans, unos vans negros y playera deslavada; Ruki en cambio llevaba gafas oscuras, un sombrero fedora gris, pantalón de vestir oscuro y camisa blanca. Nada mal para pasar desapercibido, aunque bastante costoso como haber sido pagado con la tarjeta de crédito del fotógrafo.

¿Se puede saber a donde vamos? – preguntó Reita después de un rato.

Necesito hacer un retiro de efectivo – murmuró Ruki antes de que giraran en la esquina - antes de que tu tarjeta vaya a ser rechazada.

Reita frunció el ceño ante el comentario. Obviamente su cuenta no tenía más de siete cifras, pero tampoco era para que se lo recordara a cada instante.

Como piensas retirar dinero ¿que acaso tus cuentas no fueron congeladas? – preguntó Reita en cuanto entraban por un callejón.

Yo nunca dije que fuese a retirar de un banco. – dijo Ruki deteniéndose en seco frente a la mullida escalera de incendios de un edificio.

No tardaron mucho subir por ahí hasta el tercer piso, con un artilugio metálico Ruki forzó el seguro de la ventana y después entró en el departamento.Reita no entró; si Ruki había ido ahí para robar algo o lo que fuese, no pretendía involucrarse y ser tachado de cómplice.

Aunque pensándolo bien, esperar en el balcón de un edificio era algo sospechoso.

Después de un rato, Ruki salió de ahí con dos maletas trolley negras y una más pequeña metálica con cerradura de combinación. Minutos más tarde, ambos se encontraban en un taxi de regreso a casa.

¿no era más fácil guardar todo esto en una cuenta o una caja de seguridad? – preguntó Reita aun si poder asimilar que viajara en un mugroso taxi con dos valijas repletas de dinero en el maletero.

Si también hice eso – murmuró Ruki – uno nunca sabe si pueden descubrir sus cuentas o algo así.Me pareció más seguro guardar una parte ahí, quien buscaría en un lugar como ese…

¿Seguro que no desviaste esos fondos? – preguntó Reita con desconfianza.

Claro que no… estos son intereses generados de ahorros y cuentas que abrí con el dinero de Nil-sama – explicó Ruki de lo más tranquilo.

¿Y el lo sabe? – preguntó Reita arqueando una ceja.

Tu crees que…? – dejó la pregunta en el aire el de gafas oscuras.

Reita rodó los ojos. Ahora no solo era cómplice de un muerto, sino que estaba involucrado en el lavado de dinero y ahora de ocultar a un criminal.

No es lo mismo el dinero de Nil que el de Taoin – dijo Ruki más bien como si hablara consigo mismo

¿Y cual es la diferencia? – preguntó el otro rubio

Que el dinero de producido por Taion.inc es repartido entre Madara, Reila y Nil-san – explicó el empresario – las acciones de la compañía fueron divididas en tres partes iguales, unos millones nada despreciables dado que cada quien tiene otras fuentes de ingreso.

Yo nunca gaste el dinero de Nil, sólo lo tome prestado – continuó explicando Ruki - lo puse en varias cuentas, espere a que generaran la cuarta parte de intereses y lo regresé a donde pertenecía.

Pero el dinero de esos intereses sigue sin ser tuyos… - le espetó el fotógrafo

Pues la idea original era entregárselo a Nil pero, dado que me despidieron injustificadamente y por ende fui desheredado al morir, lo tomé para mi. – se defendió Ruki.

Por más que intentes disfrazar lo que hiciste sigue siendo un robo – dijo Reita sin miramientos.

Velo como quieras- murmuró Ruki – Nil no supo de ese dinero, así que…

¿Ojos que no ven corazón que no siente? – preguntó Reita.

Si… vulgarmente hablando esa sería la expresión que mejor define esta situación – dijo Ruki muy quitado de la pena.

Y a todo esto… a cuanto asciende tu “robo” – dijo Reita haciendo énfasis en la última palabra.

Varios millones de dólares- murmuró el rubio – y otros tantos en euros supongo.

¡Eres de lo peor! – Exclamó Reita – ¿haz pensado en hacer una película de esto?

Pues ahora que lo dices, no suena tan mal la idea…- murmuró el rubio sin prestarle atención a sus otros comentarios.

Minutos más tarde el taxi se detuvo frente al edificio donde vivían, bajaron las maletas y entraron directo en el elevador.

¿Y ahora que piensas hacer? – preguntó Reita notando la tranquilidad con que el otro rubio manejaba todo aquello.

Esta se queda con nosotros – dijo Ruki señalando con el pie la maleta junto a él – el contenido de esa otra, deposítala en tu cuenta del banco y pide una tarjeta adicional para mí, a menos claro, que quieras que siga falsificando tu firma.

Reita frunció el ceño. Ahora podía explicar como es que Ruki había pagado el desayuno de esa mañana.

¿Y esa otra? – preguntó Reita notando la maleta metálica que Ruki hacía con fuerza.

Cosas personales – contestó Ruki cortante sin darle oportunidad a indagar más en el tema – nada que realmente pueda interesarte.

Las puertas del elevador se abrieron automáticamente al llegar al cuarto piso, Ruki salió de prisa murmurando algo sobre las malas condiciones del edificio pese a la cuota de mantenimiento que se pagaba.

Reita le siguió en silencio y respiró bien hondo tratando de conservar la calma.

Podía asegurar que Ruki era el muerto más mezquino, quejumbroso, desesperante y astuto que había conocido jamás.

Forget what we're told

Before we get too old

Show me a garden

that's bursting into life

Las clases ya habían terminado y los largos pasillos ahora se encontraban repletos de bulliciosos estudiantes.

La escena siempre era la misma a esa hora.Los grupitos de alumnos se iban formando a lo largo del pasillo, algunos avanzaban hacia la salida ruidosamente, otros obstruían el camino en espera de algún miembro faltante. Algunos más platicaban entre risas y grititos de emoción, hablaban por el móvil o despedían a sus conocidos con un beso en la mejilla y toda esa faramalla que suele hacerse como parte del protocolo social.

Mientras, él guardaba sus cosas lentamente, esperando a que el pasillo se despejara un poco antes de poder regresar a casa. Podía tomarse el tiempo que quisiera, después de todo nadie le esperaba. Aoi no sentía ningún tipo de tristeza por eso, al contrario, se sentía aliviado de no tener que ser parte de aquella “obra teatral” que giraba a su alrededor y se limitaba a ser un espectador.

Siempre había pensado que era mejor estar solo a ser sofocado por personas con las que simplemente no se sentía cómodo. Quizás por eso tenía la mala fama de ser el antisocial del grupo.

Dejó escapar un suspiro y se dirigió a la puerta del aula con desgano, tenía hambre y seguramente no comería en un par de horas más.

En realidad, Aoi no era un antisocial, simplemente su magnetismo le acercaba a otro tipo de personas, con intereses e ideas mas inteligibles de las cuales estaba seguro que sacaría provecho. Lastima que la mayor parte de sus amigos tenían trabajos de medio tiempo o estaban tan enfrascados en sus actividades extracurriculares y estudios que prefería verlos los fines de semana y vacaciones si era posible. Cuando se lo proponía, podía dejar de ser un ególatra empedernido.

Aoi, nunca había sido un derrochador pese a que su padre tenía la posibilidad de darle cuanto quisiese, ni estaba al tanto de los escándalos de la farándula o al ultimo grito de la moda por que simplemente eran cosas superfluas, tampoco era muy hábil en los deportes o al menos eso parecía aunque ¿quien podría culparlo?Exponerse a la brusquedad de sus compañeros, lesionarse, sudar para posteriormente oler mal ni sobre-exponerse a los rayos del sol eran cosas que estuvieran en su lista de cosas preferidas.

¡Que lo llamaran hipocondríaco! Estaba bien conciente de que tendría sólo un cuerpo para toda su vida y no iba a dejar que se deteriorara cuando había formas de evitarlo, aunque el place de un cigarrillo en momentos de nerviosismo era algo con lo que luchaba ferozmente antes de caer rendido ante la tentación.

Y como toda persona, tenía pasatiempo e intereses. Escuchar música, leer, ir al cine, pasar tiempo con su madre, visitar a sus abuelos, enterarse de lo que sucedía en su ciudad y en el mundo a través de los periódicos y el noticiero.

Su pasión eran los juegos como el ajedrez, el póquer y el billar, aunque también gustaba de algunas actividades al aire libre como la pesca y el perfeccionar su puntería con algo más que no fuesen botes de basura, aunque era entretenido escuchar a los vecinos inventando historias cada vez más incoherentes sobre riñas entre pandillero.

Como si los pandilleros fuesen a usar balas de salva – pensaba cada vez que escuchaba a las vecinas platicar entre ellas.

En resumidas cuentas quizás no era el chico más apuesto, inteligente, popular y cualquiera de esas cosas que te hacen estar en boca de todos y aún así no comenzaría a cambiar solo para agradarle a alguien más.

La vida ya de por si es un asco con todo lo que sucede – pensó abriendo la puerta del aula – ¿por que habría de dejar que empeorara?

Let's waste time

Chasing cars

Around our heads

¡Hasta mañana Zetsu-kun! – escuchó corear a un grupo de chicas aun en el pasillo.

Aoi permaneció parado en la puerta del aula, en el instante en que la pelirrosa cruzaba los pasillos con aquel porte que la distinguía.

La mirada al frente, un gesto amable que disfrazaba el desinterés por quienes le acompañaban, un saludo casi imperceptible sólo para reafirmar su presencia en el lugar. Esa era Zetsu Nameru.

Amada por algunos, admirada por otros, temida por unos cuantos, odiada por muchos otros.

Lo siento, pero tengo cosas que hacer estar tarde, ya será otro día – se disculpó Zetsu con una ligera sonrisa – nos vemos mañana, que lo pasen bien.

Descuida, ya será otro día entonces- dijo una de las chicas que la rodeaba – que te vaya bien Zetsu!

La pelirrosa tan sólo asintió y se apresuró hacia las escaleras.

Sin querer, Aoi le siguió los pasos hasta que llegaron a la salida. Ahí Uruha la esperaba recargado en la escalinata del edificio con su mochila al hombro.

Disculpa la tardanza – murmuró la chica cambiando por completo su expresión a una seria y un tanto malhumorada - es sólo que me entretuvieron ese grupo de tontas…

Me lo imaginé – dijo Uruha comenzando a caminar a su lado a medida que atravesaban el patio principal – siempre es lo mismo…

¿Celoso? – preguntó Zetsu socarronamente.

Aún no existe alguien que logre siquiera tener tu atención por un día entero, de que podría estar celoso? – Preguntó Uruha con desinterés dirigiendo la mirada a su muñeca para verificar la hora – ¿tienes hambre ya?

No mucha – contestó Zetsu notando el auto negro detenido del otro lado de la acera esperándoles como cada tarde - ¿quieres hacer algo antes del almuerzo?

Como quieras…- murmuró Uruha sujetándola de la mano para cruzar la calle – pero esta vez sólo un rato, ¿de acuerdo?

Como si hubiera algo mejor que hacer en casa – murmuró Zetsu rodando los ojos mientras esperaban a que el semáforo se pusiera en verde.

Aoi había caminado detrás de ellos, por lo que había escuchado toda la conversación prácticamente. Fue justo en la acera, cuando se detuvo a un lado de Uruha y le miró de reojo por breves instantes.Hacía cuatro meses que Uruha había llegado a la escuela, y Aoi no había podido observarle tan de cerca en todo ese tiempo.

Quizás por que siempre estaba rodeado de tanta gente que parecían formar una valla en torno a él. Aunque viéndolo bien desde esa distancia, el único atributo visible en Takashima era su envidiable apariencia complementada con el dinero de su familia, puesto que no destacaba en deportes ni académicamente.

Éste semáforo parece ir en cámara lenta – comentó Uruha con desgano sin despegar la vista del frente. Por un instante Aoi sintió que aquel comentario era dirigido hacia él pero descartó la idea de comenzar una conversación casi al instante.

Si Uruha apenas le había dirigido la palabra en todo el semestre pese a que iban en el mismo grupo, que le garantizaba que esta vez fuese diferente.

¡Al fin! – exclamó Zetsu al instante en que puso un pie fuera de la acera.

Hasta mañana Shiroyama-san – se despidió Uruha con cortesía, girándose a verlo antes de avanzar. Aoi por su parte tan sólo asintió, caminando rápidamente hacia el otro extremo de la acera, para después alejarse en dirección opuesta a la de ellos.

Antes de dar vuelta en la esquina, el pelinegro los vio subir al auto hasta que al fin éste se puso en marcha y los perdió de vista.

Que estupidez – pensó caminando calle abajo para tomar el autobús que lo llevaba a casa – te emocionas por un simple “hasta mañana Shiroyama-san” como colegiala enamorada de un manga shoujo. ¡Que patético eres! Ni si quieras pudiste contestar algo.

Y aunque aquello pareciese una tontería, muy en el fondo estaba extrañado de que, alguien como Uruha pudiera ver a un ser invisible como lo era él.

I need your grace

To remind me

To find my own

Ojala algunas veces pudiera ser invisible otra vez – pensó Aoi con la mirada fija en la luz roja del semáforo a través del parabrisas…

Parecía que fuese ayer cuando apenas era un niñito reservado y desconfiando, el antisocial de la clase al que jamás se le tomaba en cuenta.

Pronto el semáforo cambió a verde y no había avanzado ni una cuadra cuando su móvil comenzó a sonar.

¿Diga? – preguntó Aoi con desgano sabiendo bien de quien se trataba.

Se suponía que te comunicarías con nosotros – dijo Zetsu sin ocultar la molestia en su tono – que es lo que ha pasado?

Ah si… lo olvide… - dijo el joven tranquilamente.

Aoi esto es algo serio... – se quejó la chica.

Si, si, ya lo sé… -murmuró el pelinegro – por eso mismo necesito hablarte de lo que encontré en persona. No es mucho pero pudiera ayudarte.

De acuerdo, cuando quieres que nos veamos?

No vengas tu o podrían sospechar algo – contestó el pelinegro - envía a Uruha.

Deja que yo me preocupe por mi seguridad – dijo Zetsu con molestia – y habla de una buena vez.

Prefiero discutir los asuntos importantes con un adulto – murmuró Aoi – aun estas interesada?

Espera… Un breve lapso de silencio por parte de la pelirrosa. Si, el moreno sabía que Zetsu debía estar echando llamas del enojo, después de todo nunca se habían agrado mucho entre sí, pero aún así aceptó su petición.

Te verá mañana por la tarde – dijo Zetsu al fin.

De acuerdo – contestó el joven con aquella voz poco expresiva que le caracterizaba.

Algo más Aoi… - dijo ella casi en un susurro – que te quede claro quien eres tú y quien soy yo.

Lo mismo digo, Zetsu-sama – dijo el moreno antes de colgar.

If I lay here

If I just lay here

Would you lie with me

and just forget the world?

¿Tu tampoco puedes dormir? – preguntó Kai entrando en la sala aquella madrugada, notando a su amigo sentado en el sofá.

Reita tan sólo negó con la cabeza sin despegar la vista del televisor. Kai fue a la cocina por un vaso con agua y regresó a la sala a hacerle compañía.

¿Qué cuántas veces había visto aquella grabación el fotógrafo? No lo sabía.De lo único que Kai estaba seguro era que aquel había sido uno de los mejores días que Reita había tenido

.No necesitaba de un video para poder recordar la sonrisa en el rostro de Reita aquel día y todo gracias a Watari.

Pese a la constante negativa del fotógrafo por no celebrar su cumpleaños, Watari había terminado organizando una pequeña reunión junto con Kai en la cafetería preferida de Reita, le habían llevado varios obsequios y la dueña del local le había cocinado un enorme pastel.

Kai se mantuvo en silencio mirando de reojo a Reita; su amigo estaba ahí, aferrándose una vez más a un pasado que no podría repetirse, a recuerdos tan entrañables que parecían mantenerlo a flote.

Watari siempre hizo lo que le venía en gana – murmuró Reita por encima del sonido del televisor – aun cuando me desagradara lo que proponía, al final terminaba envuelto en sus ocurrencias. Kai rió junto con él.

Aun cuando no había llegado a conocer a Watari lo suficiente, la impresión que tuvo de él desde el momento en que le conoció fue el de alguien hiperactivo y espontáneo, y sintió un gran alivio de saber que Reita al fin había encontrado a alguien que le comprendiera tanto o más que él.

Forget what we're told

Before we get too old

Show me a garden

that's bursting into life

Sabes…- comentó Reita un tanto pensativo – hace un rato que me desperté podría jurar que escuché sus pasos en la sala.

Kai le miró sin saber que contestar. Que caso tenía decirle que eso no podía ser posible, que dejara de aferrarse a esos recuerdos si Reita parecía esforzarse en tratar de olvidar todo aquello.Pero su inconciente aun se negaba a desvanecer la imagen de aquel al que amaba.

Al principio fue un tanto extraño, puesto que Reita no solía interesarse por alguna chica en particular, mucho menos en algún chico. Y pese a que el fotógrafo jamás le habló de sus sentimientos hacía Watari, Kai no tuvo necesidad de cuestionarlo para saber que estaba enamorado de Watari.

Kai no le cuestionó nada. Si su amigo era feliz, con eso era más que suficiente para sentirse aliviado. Esperaba que algún día Reita lograra abrirse a Watari y que éste le correspondiera, siempre tuvo fe en que así ocurriría, sólo que ambos eran demasiado cobardes en ese tipo de cosas como para dar el primer paso.

Y entonces ocurrió el incendio, Watari murió y Reita jamás logró decirle lo que sentía. El temor a ser rechazado, a fracturar su amistad a perder todo lo que tenían fue mayor. Ahora tan sólo el remordimiento de no haber dicho nada le carcomía poco a poco.

A veces imaginamos lo que queremos – se atrevió a comentar Kai después de una pausa.

No se que diablos me pasa – comentó Reita llevándose una mano a la cara – es como si el cuerpo me pesara demasiado como para levantarme.

Kai le miró preocupado. Aun cuando había hecho todo cuanto podía para sacar a su amigo de ese estado anímico sabía que no lo lograría por si solo.

Había logrado que Reita se mudase a un departamento lo suficientemente grande para ambos, al menos así podría estar con él cuando no estaba saturado de trabajo y cuidar de él tanto como pudiese. Aunque en el pasado hubiesen estado separados en varias ocasiones por circunstancias ajenas a ellos, ninguno de los dos dudo cuando se necesitaron.

A eso se le llama amigo. Otros les llaman hermano, aun cuando no exista parentesco entre ellos.

Lo lamento Kai, yo siempre preocupándote con mis idioteces- dijo Reita retomando su postura de fortaleza impenetrable.

¿Aun sigues teniendo esos sueños? –preguntó Kai Reita tan solo asintió – a veces se mezclan con los recuerdos y el siempre repite la misma pregunta.

Tal vez deberías consultar a un especialista… - comentó el locutor

Creo que en este punto es lo mas adecuado – murmuró Reita un tanto inseguro de querer hacer eso.

Que sucede con ustedes, son las cuatro de la mañana – se extrañó Ruki entrando en la sala.

Lamento si te despertamos – se disculpó Kai.

No descuida, yo tampoco he podido dormir – dijo Ruki notando el televisor encendido.

Eh? Ryutarou-san?! – exclamó sorprendido el empresario.

Quien? –peguntó Reita

Él – señaló Ruki al televisor – Ryutarou

Su nombre es Watari – le corrigió Reita.

A ti podrá haberte dicho eso, pero su nombre es Ryutarou Matsuyama – dijo Ruki sin despegar la vista del televisor - él es el nieto de Nil-sama.

Te equivocas, él era… - intentó explicar Reita.

Reita tranquilízate - pidió Kai sujetándolo por el hombro.

Yo se quien era y por que lo mataron – dijo Ruki sin miramientos – no me extraña que les haya mentido.

No te creo – murmuró el fotógrafo

¿Yo que podría ganar mintiéndote al respecto? – murmuró Ruki con tranquilidad saliendo de la sala – deberías agradecer que alguien te abra las ojos de vez en cuando.

¡Mientes! – exclamó Reita saliendo del departamento a toda prisa dando un portazo que hizo retumbar los cristales.

Kai intentó seguirle pero desistió de aquello casi al instante. A veces el espacio es la mejor ayuda que se le puede dar a alguien.

All that I am

All that I ever was

Is here in your perfect eyes

, they're all I can see

Reita no dio crédito a lo que acababa de escuchar. Bajó las escaleras del edificio corriendo mientras las palabras del rubio retumbaban en su cabeza una y otra vez.

Cuando llegó a la primera planta estaba exhausto y se dejó caer sobre el primer escalón con la respiración agitada. En ese momento necesitaba cansarse hasta el punto en que estuviese tan agotado como para pensar en lo que acababa de ocurrir.

No quería pensar en lo que Ruki supiera, no quería creer que todo cuanto Watari dijo pudiera ser mentira… no quería pensar que alguien en quien creyó le hubiese mentido de esa forma tan descarado.

I don't know where

Confused about how as well

Just know that these things

will never change for us at all

La decepción siempre ha sido tan repentina y perturbarte como un balde de agua fría, esa es la razón por la que siempre preferimos escuchar una buena excusa.

A veces las personas al igual que las nubes, tomamos formas diferentes y cada quien ve en nosotros lo que quieren ver, que importa… de todas formas esa imagen tiende a desvanecerse tarde o temprano cuando llegan a conocernos.

Otras veces tan solo jugamos a ser ilusionistas… haciendo parecer realidad lo imposible.

If I lay here

If I just lay here

Would you lie with me

and just forget the world?

3. El primer Día del Resto de tu Vida


“Un capricho se diferencia de una gran pasión en que el capricho dura toda la vida”

Oscar Wilde


When you try your best but you don't succeed
When you get what you want but not what you need
When you feel so tired but you can't sleep
Stuck in reverse

Algunas veces los recuerdos se limitan a cosas tan pequeñas y a la vez tan significativas que quedan en nuestra memoria por siempre.

El olor del pavimento mojado aquella tarde lluviosa cuando regresaba a casa, el horrible maullido de los gatos sobre la azotea cada noche, el piso frío bajo sus pies por las mañanas, el cosquilleo en la espalda que le producía el pasto de aquel jardín. Sin duda aquellos habían sido días menos difíciles pese a todas las carencias que padecía, y sin duda podría decir, que aquellas memorias eran dignas de recordar.Sin embargo, el tiempo pasa, la gente cambia, sus ambiciones son otras y los nuevos recuerdos se van quedando grabado en nuestra mente, nos guste o no. Para él, había un recuerdo en especial que había cambiado su vida, si es que eso que tenía podía haberse llamado vida.

Con apenas quince años se encontraba tendido en una cama, con la vista fija en el techo y el alma más vacía que nunca.

Trataba de no pensar en nada mientras apretujaba con fuerza la sabana entre sus dedos, después de haber hecho lo mismo por tanto tiempo se había acostumbrado a esa sensación invasión y nauseas consigo mismo.

Levanta más el culo – ordenó el hombre sujetándolo con ambas manos por la cadera. El chico obedeció sin protesta alguna y el hombre sobre él jadeó con más fuerza, en una forma tan grotesca que resultaría imposible no sentirse asqueado con aquella escena.

Aquella sensación nauseabunda inundaba el cuerpo del joven a cada instante. Aquel hombre recorría su cuerpo sin tacto alguno; con la mano izquierda asía con fuerza la cadera del muchacho mientras que con la otra manipulaba el miembro erecto de su acompañante. Lamía su pecho, su cuello, su rostro impregnándolo con su asquerosa saliva que despedía un hedor mezcla del sudor y el coñac. El chico sintió aún más asco cuando el mayor le beso en repetidas ocasiones, acarició su cabello, mordió su lóbulo y continuó jadeando cada vez más fuerte.

Por un instante todo aquello parecía haber terminado. El joven sintió como el hombre sobre él se tensó por un instante, la tibieza del semen recorriendo su entrada y después éste dejó caer su peso sobre el muchacho totalmente extasiado, los ojos bien abiertos y la saliva escurriéndole por la barbilla. El chico se movió tanto como pudo, pero él hombre no estaba dormido y con un rápido movimiento salió del chico para posicionar su miembro frente a la cara del muchacho.

Ya sabes que hacer – dijo secamente el hombre, tomando la botella que había permanecido en el suelo junto con otras más, a un lado de la cama.

Creí que ya había terminado – dijo el joven mientras el hombre se empinaba la botella de coñac.

Ah si…? – dijo el mayor mirándole divertido, aun arrodillado sobre la cama - ¿Qué te hace creer eso? Pero antes de que el joven pudiera replicar algo, aquel sujeto lo había sujetado del cabello y jalado hasta quedar una vez más frente a su pene.

El menor forcejeó por liberarse y ante la falta de cooperación, el hombre dejó caer a un lado de la cama su botella ya vacía para soltar una bofetada en el rostro del chico.

¿Lo harás por las buenas o las malas? – murmuró el hombre sujetando la cabeza del chico con ambas manos y metiendo su miembro hasta la garganta del muchacho.El chico intentó sacar aquello de su boca con desespero, pero el mayor le superaba en fuerza y había comenzado a mover su cadera con frenesí.Aquel violento vaivén dentro de su boca termino cuando el hombre se corrió dentro de ella. El chico de inmediato escupió el semen, un poco del mismo había caído en su rostro.

¡Trágatelo todo estupido! – ordenó el hombre sujetándolo del hombro. Pero esta vez el menor había sido más rápido y había salido de la cama apenas con el tiempo suficiente para tomar sus pantalones del suelo.

¡Ven aquí! – exclamó el hombre poniéndose de pie con dificultad a causa de todo el alcohol que había bebido. El otro por su parte había logrado ponerse ya los pantalones y tomar su camisa justo antes de abrir la puerta.

¡Te dije que vinieras aquí¡ - ordenó el hombre estrellando la botella contra la puerta, a escasos centímetros de donde el muchacho se encontraba.

Si quieres que haga algo más, debes pagar por ello – dijo el chico sin inmutarse por la violenta reacción del sujeto. Y esto también va a tu cuenta – dijo con osadía tomando una de las botellas de Smirnoff semi llena que habían estado bebiendo antes.

Dando un portazo, salió de la habitación hacía un extenso pasillo apenas iluminado por unas tenues luces.

And the tears come streaming down your face
When you lose something you cannot replace
When you love someone but it goes to waste
COULD IT BE WORSE?


Asqueroso tipo – murmuró el chico limpiándose la cara con el dorso de la mano – estoy seguro que venía drogado. Se dirigió al único baño en esa planta, lavo su boca y rostro antes de salir nuevamente.

Había varias puertas en aquel pasillo y éste terminaba en una sola puerta en la segunda planta escondida tras una enorme cortina que semejaba un telón. El resto del lugar era completamente diferente a la habitación de la cual acaba de salir el chico.Aquel lugar tenía un toque teatral impregnado en cada detalle. En la primera planta, del lado izquierdo se encontraba un enorme salón provisto de cómodas sillas de satín negro, pequeñas mesas de madera oscura, enormes lámparas de araña y al fondo un pequeño escenario con largas cortinas de satín rojo con borlas doradas. Varias ventanas con sus respectivas cortinas de satín hasta el suelo, cerca de la puerta una barra con varios bancos, desde donde podía contemplarse todo el salón. Detrás de ésta, un espejo que difícilmente podía verse a causa del las decenas de botellas multicolor.

Afuera, dos escaleras laterales de mármol provistas de elaborados barandales en bronce conectaban con la segunda planta mientras que las paredes eran adornadas con una serie de extraños cuadros. Justo entre ambas escaleras se encontraban una puerta labrada en madera, esa era la oficina de Reila-sama, la dueña y patrona de todos lo que trabajaban ahí. Frente a la entrada del salón se encontraba otra que conectaba a un pequeño pasillo, ahí se encontraba la cocina, una bodega y una escalera que conectaba al tercer piso.

Toda esa planta era el dormitorio de los y las jóvenes que trabajan en “la juguetería”, como era llamado aquel infierno y en el que, desde hacía cuatro años atrás, había vivido Takashima.

Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you


Takashima permaneció al principio de la escalera escuchando la melodía del piano proveniente del salón, apenas prestando atención a la gente a su alrededor mientras bebía de la botella sin disimulo alguno. Algunas veces el alcohol hacía más borrosa y soportable la inmundicia que le rodeaba.

Todas las chicas que trabajaban ahí vestían el mismo traje negro de sirvienta francesa. Algunas recibían a los clientes en la entrada, otras más andaban de un lado hacía otro con pequeñas bandejas con bebidas y otras más acompañaban a los clientes, ya sea en sus mesas o hacía las habitaciones. Aunque las chicas eran las más solicitadas, podía verse a varios chicos acompañando tanto a caballeros como a damas en el salón, ellos por su parte vestían como todo un mayordomo y los que estaba solo permanecían de pie a un lado de la entrada.

¿Todavía estas aquí…?! – murmuró una voz tras del menor. El joven se había quedado tan embelesado con la melodía, que tardó en reconocer la voz del sujeto tras él.

¡Te estoy llamando pequeña puta! – exclamó el hombre llamando la atención de los que se encontraban en el recibidor. Señor, voy a pedir que se retire por favor…- dijo Takashima en tono quedo, notando que las miradas comenzaban a fijarse en ellos. El sujeto frunció el ceño y pasó a un lado del muchacho. Justo cuando parecía que el hombre subiría nuevamente a la habitación, dio media vuelta y arremetió en contra del chico.

El menor intentó defenderse, pero aquel hombre lo golpeaba con tal fiereza que parecía fuera de si. Takashima no grito, tan poco pidió ayuda. Las jovencitas que se amontonaron alrededor poco a nada podrían hacer. El piano seguía tocando, dentro del salón, nadie se percataba del alboroto en el recibidor. Y mientras el hombre continuaba golpeándolo, entre el sonido de los gritos de auxilio de las chicas y el piano de fondo, Takashima visualizó una figura extraña junto a la puerta del salón. Era una niña que quizás no pasaba de los trece. De largo cabello rubio y ojos oscuros que acentuaban la serenidad en su rostro.

Takashima continuó mirándola fijamente. Jamás había visto antes a esa pálida niña y pese a la expresión sería de la pequeña, jamás olvidaría la empatía que sintió cuando sus miradas se cruzaron por breves instantes.

Nadie dijo que la muerta fuese tan bella – pensó Takashima. Desde hacía varios años eso era lo que más había deseado. Acabar de una buena vez con esa existencia vacía, despedirse de un mundo al que jamás le había interesado, terminar por fin con toda la miseria que había tenido que vivir. No había tenido el valor de hacerlo por si mismo, y ahora era el momento idónea para dejar que ocurriera.

¿Había cosas peores que ser golpeado por drogadictos alcoholizados, que tener que vender su cuerpo cada noche cuantas veces fuese necesario, de tener que pasar tantas humillaciones por unos cuantos centavos, de tener que ahogar su llanto y beber hasta sentirse un poco fuera de esa realidad que poco a poco lo había carcomido? Si nadie ha regresado de la muerte, seguramente es por que la han encontrado mucho mejor que cualquier suplicio

. ¡¿Que tanto ves?! – exclamó colérico el hombre al notar la mirada perdida de Takashima. Pero sus golpes habían comenzado a perder fuerza y ahora el muchacho en el suelo parecía comenzar a perder la conciencia.

Que hombre tan desagradable – dijo la niña fuerte y claro, mirándole fijamente. Aquel momento pareció eterno, el piano se había detenido por un instante antes de continuar con otra pieza.

Pequeña sin vergüenza – murmuró el hombre soltando al joven con brusquedad - ¿sabes que le sucede a las niñas insolentes como tu…? Para mayor molestia del hombre la niña ni siquiera se inmuto, continuaba viéndole a la cara de forma desafiante.

Ante la mirada atónita de las chicas que habían llegado para ver lo que ocurría, el hombre se tambaleó en dirección a la pequeña con la mirada fija en ella. Una de las chicas que se encontraba observando dejó escapar un grito.

Todo había ocurrido en apenas segundos. Se escuchó un golpe seco en cuanto el hombre se desplomó al suelo. El joven había tomado la botella de smirnoff del suelo y la había estrellado justo en la cabeza del hombre. Segundos más tarde, éste también se tambaleó, logrando sujetarse del barandal para no caer.

And high up above or down below
When you're too in love to let it go
But if you never try you'll never know
Just what you're worth


¡Zetsu-sama! – llamó una joven de cabello negro pasando entre el resto de las chicas junto con uno de los guardias – Zetsu-sama se encuentra bien!

Estoy bien Maru – contestó la niña sin dejar de ver a Takashima quien acababa de caer al suelo.

¡¿Qué diablos esta pasando aqui?! – dijo la voz de una mujer detrás del tumulto que se había formado en el vestíbulo.

Rápidamente algunas de las chicas se esparcieron con nerviosismo. Observando la escena con desdén, se encontraba una rubia de penetrantes ojos zarcos. La mujer venía acompañada de dos guardias más, quienes de inmediato sacaron al hombre del lugar.

¡Asi es como cuidas de ella! – exclamó la mujer con enojo mirando a Maru con severidad. La joven tomó a la pequeña Zetsu de la mano con nerviosismo.

Reila-sama lo lamento – se disculpó Maru con torpeza – sólo la dejé un segundo para ir por sus cosas al auto y…!

Ahórrate tus explicaciones – dijo Reila viendo al resto de las chicas – y ustedes que esperan holgazanas, vayan a trabajar! Y tu tráeme lo que te pedí de una buena vez! Dejando a la pequeña justo ahí, Maru salió presurosa del vestíbulo igual que el resto de las chicas.

Zetsu-kun, ¿que no te pedi quedarte en mi oficina? – pregunto Reila desapareciendo por completo aquel tono severo – anda vamonos de aquí, ya es tarde.

Pero la pequeña continuaba mirando al joven con algo más que curiosidad.

¿Que sucede linda? –pregunto extrañada la rubia - ¿te lastimaron? ¿estas bien?

¿Cuál es su nombre? – preguntó la niña señalando a Takashima.

Su… nombre? – se extraño la mujer – no lo recuerdo Zetsu, que importa. Anda vamonos…

¿Esta muñeca es tuya? – preguntó Zetsu con aquel tono firme que bien podía semejar al de la mujer.

Si cariño, el trabaja aquí – dijo Reila acercándose a ella. Pero Zetsu fue más rápida y antes de que pudiese sujetarla, esta se acercó hasta Takashima.

¿Como te llamas? –preguntó la niña agachándose para quedar a la altura de su cara.

Ta…Takashima Kouyou – respondió el joven con la voz entrecortada.

Que nombre tan difícil de pronunciar – comentó Zetsu un tanto pensativa.

Reila-sama, según las chicas que presenciaron todo, Takashima comenzó la disputa con el cliente – le informó el guardia que había entrado junto con Maru segundos antes. Reila frunció el ceño.

Si había algo que detestara era dar una mala imagen a sus clientes.

Sácalo de aquí, ya me encargaré de esto cuando regrese – dijo la mujer con cierta impaciencia. El guardia tan solo asintió y fue hasta donde se encontraba Takashima.

Tía Reila – intervino la pequeña Zetsu cuando el guardia levantó a Takashima con cierta brusquedad - ¿esta muñeca es tuya?

Cariño, deja de llamar así a las personas – dijo Reila. El comentario le había hecho cierta gracía; ciertamente el vocabulario de Zetsu era muestra de que pasaba la mayor parte del tiempo con adultos – y apresúrate que ya es tarde.

Tía Reila – insistió Zetsu esta vez levantando su tono – dijiste que me darías lo que yo quisiera para mi cumpleaños, si tu no quieres a Takashima yo lo quiero.

La rubia se quedo extrañada ante aquella petición. Zetsu yo no me refería a eso – dijo la rubia.

El guardia por su parte aun sostenía a Takashima con la indecisión de irse o permanecer ahi. Por un momento aquella escena se asemejaba al de una niña pidiendo a su madre el juguete que el vendedor acababa de mostrarle.

Tu prometiste que me darías lo que yo quisiera – dijo la niña con seriedad. – y también me haz dicho que las promesas que se hacen son para cumplirse.

Si Zetsu, ya se que te prometí lo que tu quisieras pero entiende, esto es diferente – dijo Reila aproximándose a su sobrina y con una rápida mirada, el guardía entendió que debía sacar de allí a Takashima.

Zetsu escuchame – pidió Reila arrodillandose frente a la niña, pero ésta siguió a Takashima hsta que lo perdió de vista.

No se que te haya dicho tu madre, pero todas las personas que trabajan aquí no me pertenecen, sólo tienen que pagar sus deudas conmigo y por eso trabajan aquí – explicó la rubia sin que Zetsu le mirase si quiera.

Mientes…- dijo Zetsu después de una breve pausa, fijando sus ojos en los de la mujer – y nada de lo que digas va a cambiar el hecho de que no cumpliste con tu promesa.

Zetsu, ese chico es una persona, no una mascota o un juguete que puedas llevar a casa – dijo Reila poniéndose de pie – lo lamento pero no puedo hacer lo que me pides.

Tu no te lo mereces – dijo la niña con la vista fija en sus zapatos – si yo tuviera una muñeca que me cuidase como lo hizo el, no dejaría que nadie la golpeara y la tratara como tu la tratas.

No quieras chantajearme con eso – exclamó Reila comenzando a impacientarse – no te voy a dar lo que me pides y eso es todo.

¿Y por que no habrías de darle a mi hija lo que te pide? – se escuchó una voz burlona detrás de ellas.

¡Ah tu! Lo único que me faltaba – exclamó Reila al ver a su hermana en el recibidor.

Madara era mujer tan alta como ella, de piel un poco mas bronceada, cabello castaño claro y los mismos ojos zarcos.

¿Y ahora que capricho quiere que le cumplas? – preguntó Madara con el mismo tono burlón.

Tu hija quiere llevarse a uno de los muchachos, eso es todo – murmuró Reila

Bueno, si traes a mi hija a un prostíbulo es obvio que la mercancía tienda a agradarle – murmuró Madara entre risas – incluso a su madre le ocurre lo mismo.

¡Madara deja de hablar estupideces! – se quejó Reila ante la poca seriedad del asunto.

Es sólo una broma hermana, caray! Deberías ver tu expresión – dijo la mayor de las hermanas.

Ahora te diré lo que haremos – continuó Madara caminando en dirección a la oficina ya que unos clientes acababan de entrar.

Lo primero será – dijo Madara cerrando la puerta una vez que su hermana y su hija se hallaban dentro – revisar que los clientes no introduzcan drogas, contratar guardias realmente eficientes y deshacernos de las chismosas que corrieron a contarme lo sucedido en cuanto baje del auto. No es que no aprecie su preocupación por mi hija, pero no me gusta que mis empleadas sean tan comunicativas.

¿Y por ultimo? – preguntó Reila un tanto molesta por los reproches de Madara. Y por ultimo, quiero que vayas a buscar a ese chico.

¿Tu también? – exclamó Reila.

Sólo haz lo que te pido – dijo su hermana con tono calmo.

Reila salió de la oficina murmurando lo caprichosas que eran y las barbaridades que tenía que hacer cuando ella andaba por allí.

Zetsu – llamó su madre a la niña que había estado escuchando todo en silencio desde la chimenea - ese chico, te dijo algo… ¿hizo algo que te impresionara?

Había un sujeto armando alboroto en cerca del salón, yo fui a ver y él intentó atacarme – explico la niña – Takashima lo golpeó en la cabeza con una botella para que no me hiciera nada.

¿Takashima peleaba con el caballero cuando tu llegaste?- preguntó Madara escuchando atenta.

Si, cuado yo llegué ese hombre lo estaba golpeando y el no podía defenderse – dijo Zetsu con cierto enojo en su tono, Madara se percató de aquello y de algo más.

Están atendiendo sus heridas, bajará después – dijo Reila en cuanto regresó a la oficina. Zetsu no dijo nada y salió de ahí tal y como se lo había pedido su madre segundos antes.

¿Sucede algo? – preguntó la rubia un tanto dudosa de querer saber que se le había ocurrido a su hermana esta vez. Sabía cuando planeaba algo, aquella sonrisa de complicidad en su rostro se lo decía.

Ese chico se va con nosotras- dijo Madara tranquilamente mientras buscaba los cigarrillos en su bolso.

¿Que dices? ¿te has vuelto loca? – replicó la otra – ¿vas a dejar a un total desconocido entrar a tu casa? ¿¡Que vendrá después!? Un auto, una casa, un elefante?! Por Dios Madara no puedes darle a Zetsu todo lo que te pida, no importa si puedes dárselo!

Reila…- dijo la mayor con la misma serenidad mientras encendía el cigarrillo entre sus labios - ¿Cuándo fue la ultima vez que Zetsu nos pidió algo con tanta insistencia? Acaso no notaste como esa frialdad pareció desvanecerse cuando te hablaba de él, no notaste esa pizca de compasión en su tono?

La rubia tan solo permaneció en silencio, lo que Madara decía tenía razón pero nada les aseguraba que fuese lo correcto. Desde que el padre de Zetsu había muerto ella no había sido la misma.

Ella había tratado de ayudar a Madara cuidando de su sobrina tanto como podía pero nada había logrado tener resultado.

Zetsu era una niña que se mantenía al margen de todo contacto humano, prefería la soledad y con ellas se mostraba sería, fastidiada, como si nada a su alrededor tuviese realmente significado.

Lights will guide you home
And ignite your bonesAnd
I will try to fix you


No se que haya sido, sólo sé que ese muchacho logró despertar mas emociones en Zetsu de lo que han logrado tantas sesiones de terapia y psicólogos que no han servido para nada – dijo Madara con seriedad – no se si sea lo correcto o no, sólo sé que eso es lo que quiere.

¿Y si no funciona? – preguntó la rubia.

Entonces lo regresamos aquí y nada habrá pasado – dijo Madara dando por terminada aquella conversación en el instante en que Zetsu entró nuevamente en la oficina.

Esa era la frialdad con la que ambas hermanas trataban sus asuntos, que importa si de una vida se trataba. No había espacio para miramientos ni consideraciones de ningún tipo y eso mismo les había garantizado el dinero y poder por el que eran tan bien conocidas.

Mamá vamonos, Uruha ya nos espera en el auto – dijo Zetsu con impaciencia jalando del brazo de su madre – gracias tía Madara.

¿Uruha? – se extrañó Reila – ¿que es eso?

Mi nueva muñeca – contestó Zetsu sin poder ocultar la sonrisa que se dibujaba en su rostro.

Tears stream down your face
When you lose something you cannot replace
Tears stream down your faceAnd I

Uruha abrió los ojos lentamente, acostumbrando sus ojos a la intensa luz que a esa hora se colaba dentro de la habitación.

Dejó escapar un prolongado suspiro cuando sintió aquel alivio que le producía encontrarse ahí; en la comodidad de su cama, rodeado de las cosas que apreciaba, de los sonidos matutinos a los que se había acostumbrado, de los aromas cotidianos al rededor.

Hacía mucho tiempo que había dejado de pensar en lo ocurrido aquella noche, sólo que su inconciente a veces le jugaba bromas y traía a sus sueños aquellas perturbadoras imágenes. Extendió su brazo buscando a quien se suponía que dormía a su lado, pero en cambio sólo encontró una nota:

Fui a “la juguetería”, te veo en el almuerzo… Zetsu.

El muchacho se incorporó rápidamente. Detestaba ese lugar y más aun, que Zetsu fuese sola. Le irritaba el sólo hecho de imaginarla rodeada de aquellas nauseabundas personas, que importaba si él había salido de la misma bolsa de basura.

Había convivido con aquella calaña lo suficiente como saber que no eran de fiar. Y sin más, Uruha se vistió con lo primero que encontró y salió a toda prisa de la mansión.

Cuando llegó a “la juguetería” ya pasaba del medio día. Como era de esperarse el lugar se encontraba vacío a excepción de un par de mujeres que se dedicaban a hacer la limpieza.El lugar aún era el mismo pero él ya no. Sin dirigirle la palabra a nadie, entró directamente al vestíbulo, desde donde podía escucharse claramente la melodía del piano proveniente del salón.

Dudo que alguien aquí sepa apreciar esa canción – pensó Uruha entrando de una vez en el salón. Tal y como lo esperaba, Zetsu se encontraba sentada frente al piano, dando la espalda a un publico inexistente.

¿Que haces aquí? – preguntó él joven cuando se hallaba a unos pasos de ella. Espero a alguien que podría ayudarnos – contestó ella sin dejar de presionar con delicadeza las teclas bajo sus dedos.

Zetsu siempre había disfrutado tocar del piano, pero el nerviosismo de ser observada no le había permitido compartir su don con un verdadero público. Uruha por su parte, siempre había disfrutado escucharla tocar el piano, por lo que no dudo en ir hasta donde se encontraba.Se acercó a ella con paso lento, como tratando de no romper su concentración.

La misma melodía triste que tocaba cada vez que algo le preocupaba, la misma expresión sería, los mismos ojos fijos sobre las teclas.No importaba cuantos años hubiese pasado, él aun la veía como aquella niñita rubia de ojos triste.

Y las notas se detuvieron de repente.

Uruha había abrazado a Zetsu por la espalda, pasando sus brazos por encima de los delgados hombros de la chica, apoyando su frente sobre la cálida espalda de ella.

¿Pasa algo? –preguntó Zetsu en tono quedo.

Zetsu… -preguntó el joven con titubeo, casi en un susurro - ¿co…cómo me llamo?

Para mi siempre serás Uruha – contestó la chica después de varios segundos tomando sus manos entre las suyas – no me importa si te llamas Takashima Kouyou, que tengas la edad que tengas, que vengas de no se donde por no se que razón.

Gracias… -murmuró Uruha dejando escapar un breve suspiro. Ella sonrió para sus adentros; siempre contestaría la misma pregunta con la misma respuesta, por que incluso ella a veces dudaba de quien era.

Y tampoco me importa que seas un testarudo, gruñón – acotó Zetsu rompiendo el silencio en el salón - desconfiado, remilgoso que fuma como locomotora…

Bueno, ya entendí el punto – sonrió Uruha – no tienes que ser tan especifica.

Por cierto, aun no me dices ¿a quien esperas…?- preguntó él.

¿Me buscabas? – preguntó el joven pelinegro que acababa de entrar en la pieza.

Zetsu ni siquiera volteó a verle; podía reconocer la arrogancia en el tono de Shiroyama Yuu a kilómetros de distancia.

Aoi-san…– dijo Zetsu cerrando la tapa del piano de un solo golpe - tengo un negocio que proponerte.

Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you.




Notas finales del capítulo:
“Fix You” de Coldplay