martes, 22 de febrero de 2011

2. Fecha de Defunción




On a cobweb afternoon

In a room full of emptiness

By a freeway I confess

I was lost in the pages

Of a book full of death

Reading how we'll die alone

And if we're good we'll lay to rest

Anywhere we want to go





El sujeto frente a él le miró fijamente. Su expresión no era de asco, ni de pánico o de asombró como el que la mayoría de las personas suelen adquirir en una situación semejante... su rostro no reflejaba expresión alguna.



Sus penetrantes ojos oscuros recorrieron el cuerpo casi desecho de Takanori, sin decir nada le observó por varios segundos más, mientras los otros dos hombres en la habitación revisaban el lugar.



Takanori desvió la mirada hacia un lado incomodo, un tanto molesto; aquel hombre bien podría llenar el estereotipo que se tiene de la muerte: bastante alto, delgado, de piel clara al punto de verse demacrado y unos penetrantes ojos negros que parecían ver a través de él.

Y si aquel sujeto de traje oscuro sólo planeaba mirarle, lo último que Takanori haría sería darle la dicha de que su rostro fuese lo último que viese.



Aoi-san - le llamó uno de los hombres desde la puerta - debemos darnos prisa...



El pelinegro tan solo asintió pasando a un lado de Takanori como si de un trozo de basura se tratara, ya nada podía hacer por el. Después de un tiempo en el "negocio" sabía que involucrarse en semejante escena era lo menos que quería, el mismo Takanori sabía lo que gente de su tipo puede y no hacer.



El trabajo era sencillo, hacer la "limpieza", tomar lo necesario y cobrar el pago por la entrega. Nunca debías tardar más de lo previsto, preguntar solo lo necesario y desaparecer sin dejar algún rastro. Las reglas eran simples, la retribución bastante alta.



Como si aquel cuerpo en el suelo no existiese, Aoi atravesó la habitación con paso firme y decidido hacia el baño. Dentro la escena era distinta.

La bañera llena de agua teñida con sangre y dentro, el cadáver de un sujeto aun con el traje de oficina puesto, perforado por un sin numero de balas en todo el cuerpo y rostro. A un lado del retrete, un maletín ejecutivo de cuero negro, parecía haberle estado esperando por horas.

Sin pensarlo dos veces, Aoi tomó el maletín y salió nuevamente hacía la habitación. Los otros dos hombres le esperaban en el pasillo vigilando y en caso de cualquier contratiempo, cada uno tenía una Beretta de 9mm cargada.



Aoi miró por última vez al rubio tendido en el suelo de aquella desolada habitación, sus miradas se cruzaron por un instante.



Si vives después de esto, agradécele a...- dijo Aoi con seriedad, pero el rubio no logró escuchar lo último a causa de su estado. Después de eso, el pelinegro salió de allí dando un portazo.



In your house I long to be

Room by room patiently

I'll wait for you there

Like a stone I'll wait for you there

Alone



Cuando abrió los ojos, todo era oscuridad nuevamente, sólo que esta vez la sensación de frialdad en su espalda era remplazada por la calidez de aquella cama. El silencio parecía destrozar cada átomo de su cuerpo, si es que quedaba algo de él pues no lo sentía. No sabía si estaba vivo o muerto, tan sólo podía escuchar la voz de su conciencia que sonaba como el eco de un moribundo que grita desesperado dentro de una cueva sombría.



Si esto es el infierno... no es como lo esperaba pero... - pensó Takanori mirando a su alrededor. Poco a poco las siluetas comenzaron a tomar forma, hasta que percibió más allá de la cama en la que se encontraba - Tengo la corazonada de que estoy vivo, pero es tan difícil decirlo cuando no puedes poner tu mano en el pecho para sentir el palpitar de tu corazón.



Se incorporó en el bordo de la cama notando los vendajes en sus brazos y piernas. La cabeza aun le dolía un poco, claro que era difícil definir si eran a causa de la resaca o de la golpiza que le habían propinado.



Sobre la mesita de noche se encontraba una pequeña lámpara de color arena y un reloj digital, su cartera, su reloj y un viejo encendedor dorado con el nombre "Ruki" inscrito en él.

Permaneció sentado observando los detalles del lugar. Las largas persianas grises entre abiertas dejaban que la luz se colara en el interior. Junto a la ventana había un escritorio repleto de revistas, libros y un par de cámaras fotográficas profesionales. Arriba del escritorio, una repisa con varios libros empolvados. Frente a la cama un pequeño mueble con un televisor, y en las repisas de abajo varios CDs y películas.

Al fondo, el closet con puertas de madera oscura. Las sobrias paredes pintadas de blanco inmaculado combinadas con la calidez tradicional del piso entablonado de un tono claro, que le daba a la decoración una sensación de amplitud.



Takanori tomó el encendedor e intento meterlo a su bolsillo. Fue entonces cuando se percató de que aquella ropa no era suya.

Pese a estar en una habitación desconocida, en quien sabe donde usando la ropa de quien sabe quien, se sintió aliviado de encontrarse allí.



Permaneció varios minutos ahí sentado, pensando que debía hacer primero, a quien podría llamar o como diablos resolvería la maraña de problemas que giraban a su alrededor, pero las soluciones eran casi nulas, al igual que su dinero y que decir de su salud.

Salió de su ensimismamiento cuando oyó ruido en la pieza de al lado. Al parecer el dueño del lugar acababa de regresar. Escuchó claramente el sonido de las llaves cuando fueron depositadas sobre la mesita de té de cristal, algunos pasos cerca de la habitación donde se encontraba, una silla que se arrastraba y después el ruido de la televisión que opacaba la conversación que aquel sujeto mantenía por teléfono.



Vaya si es ruidoso este tipo - pensó Takanori un tanto dudoso de ir a su encuentro o esperar a ver quien entraba en la habitación.



To a place I call

I was there so long ago

The sky was bruised

The wine was bled

And there you led me on



Mientras tanto en la cocina, Reita espera un tanto impaciente la respuesta de la persona al otro lado de la bocina. Aunque el fotógrafo no era muy dado a creer en cosas como el destino, por lo que sólo pudo atribuir su "hallazgo" a una mera coincidencia.



Déjame ver si entendí esto - dijo la voz del otro lado de la bocina después de una pronunciada pausa - Dices que... ¿encontraste a un moribundo en la calle a mitad de la noche, lo llevaste a nuestro departamento, llamaste a un doctor y ahora estas cuidando de él mientras éste duerme apaciblemente en tu cama?!



Pues si Kai... es lo que acabo de explicarte - dijo Reita un tanto incomodo por la situación - y no me vengas con uno de tus sermones por que no te llamé para eso.



Sabes Reita, uno de estos días despertarás en una bañera llena de hielo y sin un riñón por confiado - murmuró Kai dejando escapar un suspiro- y bien, ¿Qué piensas hacer?



Pues... El doctor dijo que los medicamentos lo mantendrán sedado durante todo el día pero... no se si llamar a la policía o esperar a que él me diga que sucedió... - dijo Reita mientras caminaba de un lado a otro de la cocina, mientras el televisor se oía desde la sala.



Si dices que no traía ningún arma o algo parecido supongo que puedes manejarlo hasta que yo regrese - dijo Kai un tanto más tranquilo - haré lo posible por regresar cuanto antes pero no prometo nada...



Kai...?



¿Si?- contestó éste seguro de que Reita tenía algo más que decir.



No nada... sólo ten cuidado al regresar - dijo el fotógrafo.



Tu también ten cuidado - dijo Kai antes de colgar - espero que el sujeto no sea una especie de homicida o algo semejante.



Eres tan simpático como una gotera en el techo - murmuró Reita con una ligera sonrisa antes de colgar.



Reita se mantuvo unos instantes mirando a través de la ventana, afuera comenzaba a oscurecer. Ya tendría tiempo para hablar con Kai de su dudoso estado mental y la insistente pesadilla que le atormentaba desde hacía varios días, por ahora su mayor problema era el sujeto que había encontrado la noche anterior.

Cuando el televisor se apagó, el silencio lo hizo que inundó todo el departamento lo hizo salir de sus pensamientos.



Veo que ya despertaste - dijo Reita notando que Takanori se encontraba sentado en el sofá, de espaldas a él - ¿ya te sientes mejor?



Ruki tan sólo asintió sin quitar la vista del frente. Sobre la mesita de té se encontraba el periódico de aquella mañana, y su atención estaba centrada en una nota en particular:



Esta mañana el empresario Matsumoto Takanori de 25 años, fue hallado muerto en un hotel del centro de la ciudad. Según las investigaciones el empresario fue asesinado en un ajuste de cuentas.

En los meses pasados Matsumoto había sido despedido de la empresa farmacéutica Taion.Inc después de que se le encontrara responsable del desvío de fondos de dicha compañía y se encontraba desaparecido desde entonces.

Los ejecutivos de Taion.Inc aun no han declarado nada al respecto del homicidio, mientras que...





Matsumoto Takanori eh?- dijo Reita con seriedad - vaya coincidencia...



¿Pero como sabes que mi...? - preguntó el rubio girándose a verlo.



La licencia de conducir en tu cartera dice tu nombre - explicó Reita con tranquilidad - llamé a tu casa pero nadie contestó.



Es por que no hay nadie que conteste - dijo Takanori en tono seco, aún extrañado por aquella nota. Obviamente él no estaba muerto; lo único cierto era que aquello había sido un ajuste de cuentas, que alguien había planeado inculparlo por lo sucedido y por si fuera poco, había funcionado.



Y entonces ¿que quieres hacer? - Preguntó Reita - si quieres puedo llevarte a tu casa o...



Ya hiciste suficiente por mi, no te preocupes - dijo Takanori poniéndose de pie súbitamente, más no pudo avanzar mas de dos pasos cuando se desvaneció.



¡Oye ten mas cuidado! - Exclamó Reita justo a tiempo para evitar que cayera al suelo - no tienes que irte ahora y menos en ese estado.



Si, si tengo que irme - murmuró Takanori tratando de soltarse - No puedo quedarme aquí, ellas descubrirán que yo sigo con vida y si me encuentran aquí son capaces de...!



¡Espera, espera! ¿Ellas quienes? ¿De que hablas?!... - Exclamó Reita interponiéndose en su camino al ver que Takanori intentaba salir de allí.



Se supone que esos tipos se desharían de mi, pero aquel sujeto llegó antes que yo y después llegaron otros tres tipos y se llevaron todo... ellas creen que yo morí en ese hotel y arreglaron todo para que nadie sospeche de ellas...!



¡Mírate! Apenas si te puedes mantener en pie - exclamó Reita apoyando el brazo de Takanori sobre su hombro - no puedes irte en este estado. Dime a quien llamar y haré que venga, no vez que...



¡No puedo llamar a nadie! - Exclamó el rubio con nerviosismo, comenzando a desesperarse cada vez más - si alguna de ellas dos descubre que yo sigo con vida vendrán hasta aquí y ten por seguro que nos matarán a ambos.



¿Vendrán quienes? ¡Tranquilízate! - Insistió Reita notando que el otro comenzaba a perder fuerza en las piernas - ¡estas ardiendo en fiebre, como pretendes salir así!



Takanori se encontraba muy débil como para seguir forcejeando, por lo que Reita pudo llevarlo nuevamente hacia la alcoba.



Tranquilízate de una buena vez - dijo Reita tirándolo sobre la cama con brusquedad - ¿Ves este lugar? Nadie sabe que estas aquí. Mientras yo este aquí nada va a pasarte.



No puedes prometer esas cosas a un desconocido - murmuró Takanori mirándole fijamente.



¡Puedo y lo hago! - exclamó Reita alzando su tono mientras sacaba del cajón de la mesita de noche una caja con comprimidos - te tomarás esto, te vas a recuperar y después podrás irte a donde te plazca! Hasta entonces te quedarás aquí y yo no tendré ningún remordimiento de conciencia por haber echado a la calle a un sujeto terco como tu!



No soy ningún niño para que me hables en ese tono - se quejo Takanori tomando de mala gana la caja de comprimidos que Reita le ofrecía- y necesitaré algo para tomarme esto!



Si, me doy cuenta de ello - murmuró Reita con melolestia.



Y algo más...- dijo Takanori antes de que Reita saliera de la habitación - ¿Cómo se supone que debo llamarte?



Reita...- dijo el fotógrafo desde la puerta.



En ese caso tu llámame Ruki - se quejó el rubio - no por que me hallas encontrado a mitad de la calle creas que no tengo nombre!



Que tipo más grosero y paranoico - pensó Reita para sus adentros- y encima desagradecido.



Claro que, lo que en ese momento le inquietaba al fotógrafo era saber si ese tipo estaba envuelto en algo turbio que los pusiera en peligro.



On my deathbed I will pray

To the gods and the angels

Like a pagan to anyone

Who will take me to heaven

To a place I call

I was there so long ago

The sky was bruised

The wine was bled

And there you led me on





Cuando aquel apuesto joven de gafas oscuras bajó del auto, las miradas nerviosas en su dirección no se hicieron esperar; su presencia fue evidente desde el instante en que bajó de aquel lujoso auto conducido por dos hombres de traje.

Sin que él lo ordenara sus acompañantes permanecieron en el auto y éste se apresuró a entrar en el edificio sin quitar la vista del frente.



Aun cuando había tratado de vestir lo más modesto posible para pasar desapercibido el porte que poseía no era el de alguien común y corriente.

El sonido metálico del elevador cesó por completo cuando éste se detuvo en el tercer piso del edificio.



Con un dejo de molestia, el joven salió rápidamente hacía el pasillo, pasó frente a un par de puertas y se detuvo en la que estaba marcada con el numero 11.

Tal y como esperaba, la puerta estaba abierta, más no entro de inmediato pues su teléfono celular comenzó a sonar en ese preciso instante.



¿Si diga? - respondió con un tono seco al ver de quien se trataba.



¿! Donde diablos se metieron!? - Preguntó la voz de la mujer - ¡dijiste que estarían aquí hace horas!



Manejo esto de la mejor manera posible - dijo cortante el joven ante el reclamo de la mujer - claro que, si usted quiere informarle a Madara-sama de lo sucedido, con gusto podría hacerlo yo.



¡Uruha no seas tan insolente y apresúrate a regresar! - dijo la mujer sonando más irritada antes de colgar - ¡recuerda que tu eres un simple empleado!



Lo mismo digo, Yamada-san - dijo Uruha con frialdad.



¡No me hagas repetírtelo, tráela a casa! - dijo la mujer enfurecida antes de colgar.



Estúpida...- murmuró el joven guardando el móvil en su bolsillo. Solo había una persona sobre la faz de la tierra a la que le perdonaba el hablarle en ese tono, y esa persona se encontraba ahora dentro de aquel lugar.



Cuando Uruha entro en el departamento fue directamente hacía la alcoba. La puesta de sol aun podía verse desde el ventanal, logrando que la habitación se tiñese de un tono rojizo y naranja.



En la cama se encontraba una chica, quien se había quedado dormida después de haber estado llorando por horas. Uruha se sentó en la orilla de la cama, observándola atento. Al verla así, no podía evitar sentir un gran enojo con Ruki, ya fuese que estuviese vivo o muerto, aún causaba problemas.



In your house I long to be

Room by room patiently

I'll wait for you there

Like a stone

I'll wait for you there

Alone



Zetsu - le llamó Uruha cerca del oído casi en un susurro - Zetsu despierta... debemos irnos.



La chica abrió los ojos lentamente, incorporándose rápidamente cuando recordó de súbito lo que había pasado. Ella no pasaba de los veinte años. De piel muy clara, no muy alta, ojos oscuros y largo cabello rosa oscuro que se tornaban negros en las puntas.



¿Uruha, Ruki esta aquí? - Preguntó Zetsu mirando en dirección a la puerta - ¿haz sabido algo de él?



Zetsu... él no va a volver - dijo el mayor tratando de suavizar su tono. Pero aquella no era la respuesta que ella quería escuchar, no importase quien lo dijese, ella estaba segura de que no era cierto.



Uru-chan tengo mucho miedo de que algo realmente grave le haya sucedido - dijo ella levantándose de la cama mientras tomaba su móvil de la mesita de noche para confirmar que nadie hubiese llamado cuando dormía - Ruki no pudo haber desaparecido así como así, pero ya han sido días desde que...



Madara-san reconoció su cuerpo en la morgue - dijo Uruha con el mismo tono ecuánime - ¿de que otra forma quieres que te diga que él no va a volver?



¡Yo no vi ese cuerpo! Y sabes por que? Por que fue ella quien me lo impidió! - exclamó Zetsu con enojo - ¡que conveniente que ella se hubiera encargado del supuesto velorio mientras estábamos fuera de la ciudad! ¿Acaso crees en sus burdos pretextos como para que no me hubiese llamado antes?



¡Yo se que Ruki no esta muerto y lo voy a encontrar quieras o no! - exclamó la chica con enojo saliendo a toda prisa del departamento.



¡Zetsu espera! ¡¿Qué demonios te pasa?! - Dijo Uruha logrando sujetarla del brazo - no puedes andar por allí buscando a alguien que esta...



¡No te atrevas a repetir que Ruki esta muerto! - replicó Zetsu soltándose - eso es lo que todos ustedes quisieran pero él no es ningún tonto como para no haberse dado cuenta de lo que ocurriría!



¿De modo que tu crees que yo tuve algo que ver con lo que le ocurrió? - Reclamó Uruha mirándola a los ojos - ¿realmente lo crees?



No, Uruha yo...no lo decía por ti, discúlpame es... es solo que....- contestó Zetsu con la vista fija en el suelo - todo esto... me parece tan irreal, que un día regrese y encuentre una lápida con el nombre de Ruki en ella, que nadie parezca extrañarlo que...



Simplemente no puedo aceptar que el se haya ido... - dijo ella llevándose ambas manos al rostro - y me carcome el nerviosismo de pensar que pueda estar herido, cautivo, que le torturen...



Zetsu... debo llevarte a casa - dijo Uruha en un susurro tomándola entre sus brazos - quisiera hacer algo por que las cosas no fueran así y te juro que si supiese algo más no dudaría en decírtelo...



No te preocupes uru-chan...- dijo ella con el rostro escondido en el pecho del joven - yo voy a encontrar a Ruki, no me importa cuanto tiempo me tome, y cuando eso suceda la persona que lo haya planeado y todos los que tengan algo que ver en esto la van a pasar muy mal, eso te lo garantizo.



Uruha tan solo asintió. Por un instante Zetsu pareció ser la misma de siempre; fuera de todo el cinismo, el egoísmo y la determinación para conseguir lo que deseara, ella era una persona que no juraba en vano, y mucho menos ahora que se trataba de alguien tan importante para ella.



And on I read

Until the day was gone

And I sat in regret

Of all the things I've done

For all that I've blessed

And all that I've wronged

In dreams until my death

I will wander on



En silencio abandonaron el edificio. Las esperanzas de que Ruki regresara a su viejo departamento no se habían esfumado del todo, sólo que, Zetsu estaba conciente que desde allí nada podría hacer para hallarlo. De regreso a casa no hablaron más que lo necesario, ambos se notaban pensativos, distantes.



Ella permanecía mirando por la ventanilla, él aun sostenía su mano con la mirada al frente, mirándola de reojo de vez en vez.



Para cuando regresaron a la mansión, ya era bastante tarde. Uruha en parte se sintió aliviado, no tendría que dar explicaciones a Yamada-san, suficiente había tenido con sus constantes llamadas telefónicas durante todo el día. Ciertamente se sentía cansado.

Desde su regreso de París todo había sido tan caótico. Madara-san, la madre de Zetsu, les había dado la noticia de que Ruki había muerto hacía unos días.

Ruki había sido el protegido de Nil-sama, célebre empresario dueño de Taion.inc y había convivido demasiado tiempo con Zetsu a causa de los negocios y la supuesta amistad entre sus padres. Al saber de lo ocurrido con Ruki, Zetsu se había puesto como loca.



Había visitado todos los lugares en donde creyó poder encontrarlo, había llamado a todos sus conocidos sin encontrar otra version que no fuese la de Madara-San. Él por su parte había hecho lo mismo sin encontrar nada relevante.

Cuando intentó localizar a Nil-sama, supo que éste aún se encontraba bastante enfermo por lo que no había podido asistir al funeral de Ruki y había quedado demasiado afectado con la noticia por lo que desistió de ir en su encuentro. También supo que Madara se había hecho cargo de todo lo referente al asunto.



Y aunque Uruha tuviese fuertes motivos para sospechar que la muerte de Ruki era culpa de Madara, por ahora no podía hacer nada más que proteger a Zetsu.

Conocía a Madara lo suficiente como para saber que era una mujer sin escrúpulos, capaz de quitar lo que sea y a quien sea de su camino con tal de conseguir lo que deseara.



Vamos a dormir... me siento muy cansada - dijo Zetsu casi en un susurro tomándolo de la mano.



Ella subió las escaleras sin ánimo alguno, Uruha le siguió hacía su alcoba casi por inercia. Después de todo el tiempo que habían estado juntos, a veces las palabras ya no eran necesarias entre ellos.



La joven se dejó caer en el extremo izquierdo de la cama, él se acostó a su lado acurrucándola contra su pecho. Al igual que muchas noches atrás, Zetsu cerró sus ojos arrullada con el palpitar de su corazón.

Y él permaneció despierto hasta que ella se quedo dormida entre sus brazos y la contempló por largo rato con una amarga pregunta en sus labios.



"¿Si yo hubiera desaparecido en lugar de Ruki, estarías igual de preocupada?"



Pero esa pregunta se quedaría en su interior igual que varías que hasta la fecha había preferido ahogar en el olvido, antes de escuchar las respuestas que tanto temía escuchar.



¿Cobardía? Quizás. Pero la vida es más tolerable cuando hay razones para vivirla... que importa si son simples ilusiones nada más.





In your house I long to be

Room by room patiently

I'll wait for you there

Like a stone I'll wait for you there

Alone


lunes, 21 de febrero de 2011

1. El Cadaver Más Bello del Mundo


"El delito de los que nos engañan no está en el engaño,

sino en que ya no nos dejan soñar que no nos engañarán nunca."



Víctor Ruiz Iriarte



-RUDER-

1.El cadáver más bello del mundo


Suzuki Akira era un estudiante promedio, un hijo que solo causaba problemas, del tipo solitario, algo explosivo y desconfiado, pero su mejor cualidad era ser un fotógrafo nato cuyo principal motor había sido siempre la morbosidad.


A los diecisiete, había descubierto que las personas siempre deseamos ver más allá de lo que se nos tiene permitido, aunque sea sólo un vistazo. Había aprendido que un ángulo preciso y la iluminación adecuada hacían de un tétrico accidente automovilístico una obra de arte digna de exponerse en las mismísimas salas de L'Oeuvre.


El placer morboso que le provocaba el fotografiar los sangrientos hechos a su paso lo era todo. Nunca se encontraba realmente preparado para lo que presenciaría, la curiosidad siempre lograba anteponerse a ese impacto inicial.

Aún si el frió de la noche le calaba hasta los huesos, aspiraba esa frialdad característica que custodiaba la escena, y eso, de alguna manera, lo hacía sentir más vivo o más afortunado que al sujeto que enfocaba a través de la cámara.


El momento exacto en que nació su obsesión se remontaba a varios años atrás; el instante en que dejó de temer por su vida y también dejó de temer a los muertos nació el día en que miró a través de la mirilla de la cámara y capturó el alma del primer cuerpo sin vida que vería.

Aun podía recordarlo, un viejo vagabundo que no soportó las inclemencias del crudo invierno. Murió con los ojos bien abiertos, fijos y vidriosos, apretujando contra su pecho una mullida manta. Los labios partidos y resecos, las mejillas cubiertas con el tizne de los periódicos apilados a su lado.

Claro que para sus padres, saber del gusto mórbido de su hijo por fotografiar cuerpos mutilados, animales atropellados en la calle y vísceras al descubierto no fue una noticia nada grata, mucho menos cuando la gente a su alrededor comenzaba a hablar y temerle como si de un desquiciado se tratase. Acto seguido, el chico fue internado en una institución mental y después de un par de meses, transferido a otra ciudad, lejos del estilo de vida decadente al que había sido sometido, o al menos esa fue la explicación más lógica que los padres de Reita (como solía llamarlo su único amigo) pudieron darle cuando le cerraron las puertas de su casa y lo mandaron cientos de kilómetros lejos de ellos con el suficiente dinero para que pudiese arreglárselas como mejor le pareciera.

Pero para Reita esto no fue el fin del mundo, al contrario, fue el momento más feliz de su vida. Al fin podría vivir de la forma en que mejor le pareciese, sin tener que dar explicaciones de ningún tipo, sin compromiso alguno más que consigo mismo.

Reita no tenía planeado dejar la escuela. Ahora podía decidir lo mejor para él, y sin duda ser un vago sin estudios no era una opción nada inteligente. Pensaba ir a la universidad, quizás viajar por el mundo, obtener algún trabajo que con el tiempo pudiera impulsar su carrera como fotógrafo, esos y muchos planes más que pasaron por su mente en primera instancia.

Sin embargo, un año después de haber "comenzado de nuevo" Sus padres redujeron su cuota de manutención, comenzó a tener problemas en la escuela por su comportamiento tan reservado y pronto se vio envuelto en un par de riñas de las cuales apenas si pudo salir en pie. Esporádicamente comenzó a desatender sus estudios y pronto encontró un trabajo en un periódico local que si bien no era el mejor pagado del mundo, le dejaba un muy buen sabor de boca.

You don't remember me but I remember you

I lie awake and try so hard not to think of you

But who can decide what they dream?

And dream I do...


Tres años después de todo aquello se hallaba como de costumbre en el asiento del copiloto de un viejo auto en la espera de lo que pudiese ser una nota roja para el diario matutino. Claro que, deambular por la ciudad a altas horas de la noche y con un clima por debajo de los diez grados centígrados no era nada agradable.

Mucho menos cuando él era el que tenía que hacer casi todo el trabajo mientras Watari, su compañero, dormía placidamente en el asiento de al lado. Esa era una de las tantas desventajas de sólo ser el ayudante de un reportero.

Podría empujar el auto hasta un cruce y esperar a que otro auto impacte éste - pensó Reita mirándolo de reojo - seguramente habría una nota que escribir y fotos oportunas que tomar.


Sin embargo la criminal idea de Reita se desvaneció en cuanto una ambulancia con la sirena encendida pasó a un lado del auto en que se encontraban, logrando de Watari despertará de una buena vez.


Es nuestra noche de suerte - exclamó Watari de repente, logrando el sobresalto del rubio, y antes de darse cuenta, el reportero ya se encontraba pisando el acelerador hasta el fondo para dar alcance a la ambulancia.


Reita sujetaba con ambas manos su equipo fotográfico con la mirada fija al frente mientras que, la gruesa bufanda que le cubría hasta la nariz, parecía resbalársele poco a poco.

Las luces de la calle iluminaban levemente el rostro del reportero; Watari tenía treinta años, apenas cuatro más que Reita y sin embargo el tiempo parecía más notorio en él. Era bastante alto por lo que lucía extremadamente delgado, de cabello pajizo, piel un tanto bronceada y ojos castaño oscuro.


¿Que te causa tanta gracia? - preguntó Reita una vez que se hallaban a escasos metros de la ambulancia.


Sabes - dijo Watari con una sonrisa en el rostro, sin quitar la vista del frente - había pensado que, si ésta es una falsa alarma más, tendremos que comenzar a causar accidentes o nos quedaremos sin pago este mes.

Reita tan solo rió por lo bajo, sujetando con mas fuerza la bufanda a su cuello.

El hecho de tener ideas igual de descabelladas era solo una muestra de todo el tiempo que habían pasado juntos. Hacía dos años que el periódico lo había contratado como asistente de Watari, poco a poco el mayor le fue enseñando los gajes del oficio y al paso del tiempo fue ganando un amigo.


¿Por que te detienes? -preguntó Reita, pero Watari había bajado ya del auto.


¿Qué sucede? - Preguntó Reita bajando del auto también - no me digas que te nos quedamos sin combusti...

El rubio se quedó atónito. Watari no estaba por ningún lado y justo cuando pretendía regresar al auto, una mano lo sostuvo fuertemente por el hombro.


¿Qué estas esperando Reita? - preguntó un Watari cubierto de quemaduras en el rostro y manos, con los ojos vacíos y las ropas cubiertas de sangre. El rubio dejó escapar un grito justo en el momento en que despertó.



I believe in you

I'll give up everything just to find you

I have to be with you to live to breathe

You're taking over me


Cuando al fin abrió los ojos se encontraba tendido en su cama, con la cara cubierta en sudor. Una vez más, la misma pesadilla.

Hacía seis meses que Watari había muerto y aun le atormentaba el mismo sueño, la misma sensación de no haber hecho algo, el mismo sentimiento de soledad a cada día que pasaba.

No puedes seguirme haciendo esto...- murmuró Reita incorporándose en el bordo de la cama, llevándose ambas manos a la cara con desespero.

Y es que, perder a alguien tan cercano súbitamente había sido el momento más difícil que pudiese recordar.

En total oscuridad, se dirigió al baño. Dejo que el agua helada corriera hasta llenar el lavabo y sumergió su cara en ella hasta que el aire se hizo necesario.


¿Qué es lo que quieres de mi...? - preguntó en un susurro mirándose fijamente en el espejo. Reita dejó escapar un suspiro a medida que el agua seguía escurriendo por su rostro.

En silencio, permaneció sentando en el sofá de la sala varios minutos. Era demasiado tarde para llamar a alguien, aunque claro esta, sólo había una persona sobre la faz de la tierra con quien se atrevería a hablar de lo ocurrido.

Tomó la cajetilla que se encontraba sobre la mesita de té, sólo que esta se encontraba vacía, logrando molestarse consigo mismo por haber fumado el último cigarrillo horas antes.

Reita frunció el ceño conciente de que sólo había dos opciones: salir por cigarrillos pese al clima, o quedarse en casa despierto hasta quien sabe cuando.

Nadie ha muerto por no fumar...- se dijo no muy convencido, pues estaba conciente de que, no lograría calmar sus nervios hasta no tener la suficiente nicotina recorriendo su interior.


Have you forgotten all I know

And all we had?

You saw me mourning my love for you

And touched my hand

I knew you loved me then


A la edad de quince años, Matsumoto Takanori había aprendido que existen cosas peores que la muerte. Supo que los juramentos de amor, las promesas, los lazos de amistad y las enemistades, tarde o temprano dejan de tener importancia, de existir.

Había vivido más cosas de las que hubiese querido y esto mismo, le había permitido mantenerse en pie.

Un día, aprendió lo insignificante que eran las personas, sin importar sus sueños o deseos. Sin embargo, lo había aprendido hasta el momento en que se vio tendido en el suelo de un hotel barato, rodeada de colillas, botellas rotas y billetes.

Con las ropas rasgadas, el cuerpo lleno de heridas, quemaduras de cigarro y los ojos vacíos, deseó con todas sus fuerzas conocer la muerte. Había recuperado la conciencia en el instante en que el último de sus agresores abandonaba la habitación.

Aquel sujeto le miró de la misma forma en que lo hubiese hecho, no le importó su estado, ni siquiera cuando notó que aun estaba vivo.

Y sin más, salió de la habitación dando un portazo, dejando el lugar en un silencio sepulcral.


I believe in you
I'll give up everything just to find you
I have to be with you to live to breathe
you're taking over me



Las lágrimas de dolor que resbalaron por su rostro se mezclaron con la sangre seca que había escurrido desde su frente. Como pudo, logró ponerse de pie. No estaba seguro de lo que había ocurrido, ni siquiera recordaba cuanto había bebido o que se había inyectado como para haber perdido el conocimiento por tanto tiempo.

Eso no importaba, ahora, su prioridad era salir de aquel nefasto lugar y esconderse lo mejor posible. Ya buscaría a los culpables de aquello cuando se recuperase y desahogaría su rabia por aquella traición. Pero el mayor de sus enojos era consigo mismo, por haber sido tan confiado, tan idiota, tan iluso como para creer que jamás se desharían de él.

Cuando al fin se hallaba varias calles lejos de ese lugar, se dejó caer en el suelo de un solitario callejón. El frío de la noche y su estado no le permitirían ir más allá, sin embargo el temor latente en él le dio la fuerza para ponerse en pie una vez más.

Hay mejores momentos, y mejores lugares para morir - se dijo el joven apoyando ambas manos en la pared pero inevitablemente cayo al suelo y esta vez ya no pudo ponerse en pie.


I look in the mirror and see your face

if i look deep enough

so many things inside that are just like you are taking over


A la mañana siguiente, algún transeúnte encontraría su cuerpo, daría aviso a las autoridades y quizás algún diario sensacionalista escribiría una pequeña nota tachando aquel acto como el más vil ejemplo de lo corrompida que se encontraba la sociedad, de la violencia en las calles, del vandalismo en aquel sector de la ciudad, de cómo el poder de la corrupción aumentaba día a día. Las personas comentarían el trágico destino de aquel joven y luego quedaría en el olvido, igual que cientos y cientos de notas más, que hablan de decenas de personas de las cuales se puede prescindir.

Takanori mantenía la vista fija en el cielo, exhalando el vaho que el frío le producía. El cabello rubio oscurecido con la sangre que emanaba de su frente, el rostro hinchado por los golpes; De aquellos gatunos ojos azules no quedaba más que el vacío reflejo de su alma y el cuerpo hecho añicos. Después de todo, él siempre había sido eso, un objeto que tarde o temprano terminarían desechando.

Takanori cerró los ojos, esperando lo que fuese que vendría a continuación. Jamás se hubiese imaginado terminar solo, en un lugar desconocido, olvidado por el resto del mundo, traicionado y confundido por como habían sucedido las cosas.

En aquel momento se dio cuenta de lo que siempre había negado. Estaba completamente solo en el mundo. Nadie le buscaría, nadie le extrañaría, nadie lloraría por él...

Llegué a este mundo sin saber por que, viví sin saber como, y moriré sin saber cómo ni por que...- pensó - y nadie se percatara de que alguna vez existí.

A veces el destino tiene un retorcido sentido del humor y para su buena o mala suerte, alguien encontró a Takanori antes de que fuese un cadáver congelado sobre la acera.



I believe in you
I'll give up everything just to find you
I have to be with you to live to breathe
you're taking over me



Published: 25/12/07